Inicialmente fue la delicuencia común, pero rápidamente los grupos guerrilleros lo convirtieron en una industria. Con el tiempo, paramilitares, narcotraficantes, la propia subversión y hasta agentes del Estado infiltrándose en el negocio, se sumaron a esta siniestra práctica. Ahora, con las promesas de las Farc, se espera que esta tragedia llegue a su fin.