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¿A qué edad somos más felices?

Un grupo de economistas de EE.UU., dedicado a buscar una medida distinta al dinero para dar cuenta del bienestar humano, encontró que la vejez es la época en la que se es más feliz.

23 de enero de 2011 - 04:00 p. m.
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Aunque la tercera edad trae consigo achaques de salud, problemas de memoria, más fatiga y menos energía, al parecer esta es la época de la vida en la que los seres humanos son más felices. Por lo menos esa es la conclusión a la que ha llegado un grupo de economistas no muy convencido de que exista una relación directa entre el dinero y la sensación de bienestar, y que se ha dedicado en los últimos años a indagar cuáles son aquellos factores relacionados con la felicidad y en qué momento de la vida ésta realmente se alcanza (ver gráfico).

Apoyándose en encuestas, estudios y experimentos con voluntarios de distinto género y edad, han encontrado que en general los adultos mayores tienen menos problemas y solucionan de una manera más apropiada sus conflictos, son mejores para controlar sus emociones y menos propensos a la ira. Laura Carstensen, profesora de psicología de la Universidad de Stanford, compartió con el periódico The Economist su teoría:

“Debido a que los mayores saben que están cerca de la muerte son mejores para vivir el presente, se centran en las cosas que más les interesan, como los sentimientos, y menos en los objetivos a largo plazo. Además, por cuenta de su experiencia vital ellos saben qué es lo que más importa”.

Por su parte, la psicóloga Sandra Beltrán asegura que el hecho de vivir muchas experiencias hace que las personas se vuelvan más maduras y obtengan la preciada sabiduría de la vejez. “Eso quiere decir que su habilidad para tomar decisiones y solucionar problemas es increíble”. Esto no significa, advierte, que todos los viejos sean felices, pues se necesita una buena salud mental y física, además de gozar de un bienestar económico y afectivo.

La psiquiatra Victoria Pérez coincide con esta opinión y concluye que si en esa época de la vida no se satisfacen necesidades básicas, dentro de las que incluye el amor, las personas son más propensas a sufrir de depresión, “especialmente por cuenta de enfermedades graves, de que ya no son autosuficientes o se sienten demasiado solas”.

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