Con la presencia del presidente Juan Manuel Santos concluyó anoche en Cartagena una reunión de alto nivel entre empresarios, políticos y expertos en medio ambiente de Latinoamérica para definir las prioridades de conservación en los ecosistemas del continente.
Hank Paulson, exsecretario del Tesoro de Estados Unidos; Luis Alberto Moreno, presidente del Banco Interamericano de Desarrollo; Stanley Motta, presidente de Copa Airlines; Alejandro Santo Domingo, director de Quaddrant Capital Advisors, entre otros integrantes del Consejo de Conservación para América Latina de la organización ambiental The Nature Conservancy (TNC), discutieron la hoja de ruta para atacar los problemas relacionados con el recurso hídrico, infraestructura y seguridad alimentaria.
Pero entre todos los posibles proyectos por impulsar en los próximos años, hay uno que resulta esencial para Colombia: salvar la cuenca del Magdalena-Cauca, que ocupa el 24% del territorio colombiano y es el centro de las actividades económicas y sociales de más de 32 millones de habitantes. Que está, además, en peligro a causa de la sobrepesca, la deforestación, la agricultura intensiva, el sobrepastoreo, la construcción de vías y las presas.
Esta semana, TNC y la Corporación Autónoma Regional del Río Grande de la Magdalena (Cormagdalena) presentaron los resultados de un diagnóstico general de la cuenca, que comenzó a elaborarse desde 2007 y que debe servir al Ministerio de Ambiente, las secretarías del ramo, las corporaciones autónomas regionales y las empresas que tengan interés en rescatar el río.
El Magdalena, que recibe las aguas del Cauca y se extiende por 1.528 kilómetros, ha sido uno de los ejes de Colombia desde el siglo XIX. Por allí entraron los españoles a conquistar el continente y, años después, los virreyes y gobernantes; por allí llegaron los pianos que vendieron José Asunción Silva y su padre en su comercio en Bogotá; por allí entraron, entre otros miles de viajeros, los naturalistas Alejandro von Humboldt y Aimé Bonpland hasta Honda, para seguir su camino a la capital santafereña; por allí explotaron el oro, pescaron por doquier, traficaron esclavos, transportaron toda suerte de mercancías.
De modo que el Magdalena es la arteria principal de la economía y el medio ambiente en Colombia. La cuenca tiene un sinfín de especies de peces y aves, y provee de agua a casi todo el país. Por eso, las conclusiones del estudio de TNC y Cormagdalena tienen un tinte desalentador.
De acuerdo con el informe, 86 zonas de la cuenca se encuentran amenazadas por diversas actividades y requieren protección de manera urgente. Luego de recorrer todo el territorio, el equipo de cabecera —conformado por cinco expertos extranjeros y la compañía de investigadores en ciencias naturales— definieron las cuencas, las subcuencas y los ríos tributarios en cuatro clases. Así determinaron 27 lugares que, de no ser atendidos en menos de tres años, dejarían de prestar un servicio a las personas que dependen de ellos (ver mapa).
José Yunis, representante legal de The Nature Conservancy para Colombia, pone un ejemplo certero: “La subienda ya nadie la recuerda. Era cuando subían esas 80.000 toneladas de peces por el Magdalena. Era importante para toda la gente que habitaba en la cuenca. Su alimentación venía del medio. Eso se perdió”. Si la pesca se disminuyó de esa forma en menos de 50 años, es muy probable, afirma Yunis, que otros recursos comiencen a escasear, en parte por el efecto del cambio climático y en parte por la forma en que son explotados.
La cartografía del Portafolio de Conservación de Agua Dulce para la Cuenca del Magdalena-Cauca, como se titula el estudio, muestra que de 505 sistemas ecológicos que conforman la cuenca, 393 (77%) tienen una calidad baja o muy baja.
Una de las principales presiones que se ciernen sobre la cuenca, cuenta Paulino Galindo, asesor técnico de Cormagdalena, parece paradójica. La construcción de diques, que soportan las crecidas a causa de la ola invernal y no permiten que los habitantes de la zona resulten afectados, tiene un efecto contrario en la salud de la cuenca. El agua necesita moverse hacia los lados, inundar las ciénagas, trasladar componentes para la alimentación de las especies. También las presas, un método cada vez más común para atrapar gran cantidad de peces, desconectan las cuencas de los ríos y no permiten que fluya como de costumbre.
“Al regular el régimen hidrológico —afirma Yunis—, la conectividad, la temperatura, hacemos que, en vez de que sea un río como un pulso sanguíneo (inundaciones, sequías, subidas y bajadas), lo regulamos y queda como un solo flujo. Y se empiezan a perder servicios ambientales, pesca, turismo y agua”.
La propuesta del Portafolio no es convertir las 27 zonas en peligro en áreas protegidas, sino guiar la producción sostenible. La empresa no es fácil, sin embargo. De hecho, afirma Yunis, esta es una tarea de conciliación con diferentes sectores (hidroeléctrico, minero y agropecuario) y controlar las actividades y formular proyectos sostenibles, sin una ayuda palpable por parte de las instituciones encargadas es casi imposible.
“Colombia es un país de ríos sucios por culpa de un vacío legal —dice Cecilia Rodríguez, exministra de Medio Ambiente—. Los gobiernos municipales, las corporaciones y los acueductos viven en una disputa eterna sobre quién tiene la responsabilidad de sanear las aguas residuales antes de verterlas al río. Si esto pasa en una ciudad como Bogotá, con siete millones de habitantes, imagínese lo que sucede en el resto de la cuenca”.
El asesor técnico de Cormagdalena Paulino Galindo insiste en que en Colombia los planes de conservación se limitan a la biodiversidad terrestre y a la riqueza marina, pero no a resaltar la importancia de las cuencas. En cambio, Eduardo Guerrero, asesor de la Alta Consejería Presidencial para el Medio Ambiente, asegura que existen iniciativas grandes y pequeñas, entre ellas la Misión Gobernanza del Agua, que será lanzada por el Gobierno en dos semanas y que busca reunir esfuerzos en torno a la protección de las cuencas.
Yunis dice que no sólo es importante que la cuenca del Magdalena se mantenga como una fuente de supervivencia para el país, sino que las generaciones próximas no paguen los errores de ésta. “Acuérdese de que este es un país de biodiversidad, ¿no? Se supone que somos uno de los cinco países más biodiversos del mundo. Si somos uno de los cinco, aparte de ser orgullo, también es una responsabilidad”.