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Adopción por parejas del mismo sexo, debate aún no clausurado

Una tutela que está para fallo de la Corte Constitucional busca que la compañera de una mujer pueda adoptar a su hija.

18 de noviembre de 2010 - 11:32 p. m.
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Muy a pesar de que la Corte Constitucional no se hubiera pronunciado sobre la posibilidad de que parejas del mismo sexo pudieran contraer matrimonio civil o adoptar —los propios demandantes lo dijeron a su modo: los magistrados se lavaron las manos—, Ana Elisa y Verónica continúan la batalla por sus derechos para que la hija biológica de Ana pueda ser adoptada por Verónica, su compañera desde hace casi dos años. El mecanismo: una tutela. La candente discusión terminó en la Corte, que se apresta a poner punto final en Sala Plena a una discusión jurídica que ajusta 13 meses.

En primera y segunda instancias, la solicitud de Verónica y Ana , madre de la menor, fue respaldada por un juez de Rionegro y el Tribunal de Antioquia. Ambas instancias le ordenaron al Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) que continuara el trámite administrativo para el proceso de adopción. Sin embargo, bajo los argumentos de que “en Colombia no está regulado el tema de la adopción de parejas del mismo sexo” y que “la familia colombiana no está preparada para aceptar que una pareja homosexual tenga la misma trascendencia en todos los aportes al núcleo de nuestra comunidad”, la entidad apeló la tutela.

El asunto llegó a la Corte Constitucional, que en su estudio ha solicitado y recibido conceptos de toda clase. En favor de la causa de la pareja antioqueña se esbozan argumentos que, en esencia, concluyen que los niños criados por parejas del mismo sexo no sufren mayores complicaciones emocionales y, en la mayoría de los casos, crecen con gustos heterosexuales. Análisis que van en contravía de la apreciación del ICBF. Por ejemplo, un estudio de la Academia Americana de Pediatría, que investigó “el efecto de los estatutos y de la salud psicosocial y bienestar de los niños cuyos padres son gays o lesbianas respecto al matrimonio, la unión civil y parejas de hecho”.

Allí se reseñó que “los niños de madres lesbianas divorciadas crecen de manera muy similar a los niños con madres heterosexuales divorciadas”. En el informe se lee que no se documentaron diferencias entre dichos grupos en materia de personalidad, amor propio o éxito académico. Es más, la AAP (por sus siglas en inglés) encontró que las madres homosexuales se han preocupado por inculcar en sus hijos modelos masculinos dentro del proceso de crianza. En ese contexto, advirtió la investigación que no hay diferencias mayúsculas entre madres homosexuales y heterosexuales y que el rango de funcionamiento psicológico es muy estándar.

La Corte les solicitó conceptos a las facultades de Derecho y Sicología de las universidades de los Andes y Nacional. La directora del Grupo de Derecho y Género de la Universidad de los Andes, Isabel Jaramillo, resaltó que las mujeres tienen derecho a elegir a la persona con la que compartirán las cargas económicas de sus hijos biológicos. Por ende, la negativa del ICBF en este caso configura una violación “al derecho de la madre de elegir a su pareja para compartir las responsabilidades de la crianza de su hija”.

En ese sentido, conceptuó que de no concederse la acción de tutela a Verónica y Ana se estarían violando también los derechos de la niña, “pues se le arrebata la posibilidad de tener más de un proveedor y un cuidador”. Y, de colofón, a Verónica, “al exigírsele someterse a evaluaciones de idoneidad por parte de la autoridad administrativa sin ser ello un requisito”. La Personería de Medellín, asimismo, se preguntó por qué el ICBF no revisó los diversos tipos de conformación familiar que existen en Colombia, incluidos los de parejas del mismo sexo que crían menores.

En este caso, la Personería le ‘jaló’ las orejas al instituto y llamó la atención sobre la competencia de los jueces al aducir que “aunque la legitimación de la ley va a un ritmo más lento que el de las costumbres (…) se debe ajustar a los casos reales, porque es claro que hay personas homosexuales y lesbianas que tienen hijos y que viven con ellos”. La Universidad Nacional también se pronunció. Bajo la apreciación de la psicóloga y magíster en Estudios de Género y profesora del departamento de Psicología del claustro, María Elvia Domínguez, se concluyó que en el mundo de hoy “los hijos de padres gays o madres lesbianas están más preparados para asumir la flexibilidad en los roles de género que exige la sociedad”.

Sostuvo que el Estado debería proteger y legislar casos como éste para que desde la psicología se cambien los estigmas de siempre en la función de género, etnia y opción sexual. En consonancia con su criterio, la psicóloga y profesora del Departamento de Psicología de la Universidad de los Andes, Ángela María Estrada Mesa, indicó que “no existe evidencia de que la afectividad parental esté relacionada con la orientación sexual de los padres”. Esto puede corroborarse, según dijo, una vez se acepte la “homosexualidad como una expresión normal de la sexualidad del ser humano”.

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La especialista también explicó que la identidad de género en los menores de edad no se ve afectada porque el niño sea criado por una pareja homosexual, porque desde que las mujeres entraron en su mayoría a la vida laboral, cambiaron los patrones tradicionales de familia en los que la madre permanecía todo el tiempo en casa con sus hijos. Este fenómeno, y no otro, esbozó Ángela María Estrada, es el que marca que las “identidades de género estén menos diferenciadas” y, por ende, que la diferenciación de roles parentales se vuelva más difusa.

En manos de la Corte está una decisión histórica y, en este caso, deberá fallar de fondo. La Sala Plena, como ocurrió el pasado 11 de noviembre, no podrá declararse inhibida y cualquiera que sea su fallo la polémica seguirá encendida. Por muy controversial que pueda resultar esta discusión para algunos núcleos conservadores colombianos, si la Corte les da la razón a Verónica y Ana Elisa, en opinión de la comunidad gay, por fin se abriría la puerta para que sus derechos se equilibren casi del todo con los del resto de ciudadanos. En la otra orilla se esgrimen argumentos en defensa de la familia de siempre, integrada por un hombre y una mujer. Y se escuchan voces que recalcan que un niño no puede crecer sin traumas bajo la tutela de parejas del mismo sexo.

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