Mientras las autoridades ambientales del planeta tienen el reto de ponerse de acuerdo en Cancún respecto al aporte de cada país para evitar el agravamiento de los efectos del cambio climático, en la periferia colombiana los habitantes de Riosucio (Chocó) sufren sin saberlo las consecuencias de dicho fenómeno, que como suele ocurrir en los países subdesarrollados, tiende a ser más fuerte con los menos favorecidos.
En esta olvidada región del Chocó biogeográfico —irónicamente una de las mayores reservas ecológicas del mundo— el desbordamiento del río Atrato, que como consecuencia de las lluvias alcanzó un nivel hasta de tres metros de altura, tiene desde hace tres meses inundados a 70.000 habitantes. ¡Tres meses!, y lo peor es que los problemas por las crecientes del río ocurren todos los años sin que haya política pública, labor de la dirigencia, clamor de los afectados o campaña cívica que lo pueda evitar.
Las dramáticas imágenes de los habitantes de la ribera del Atrato son semejantes a las que en la semana anterior padecieron los del Magdalena o a las de los damnificados por el Cauca. Síntomas de un agresivo fenómeno de ‘La Niña’ que trastocó el régimen de lluvias y obligó al Gobierno a reunirse el lunes con el gabinete ministerial en pleno para recibir un balance del Comité Nacional para la Prevención y Atención de Desastres, con base en el cual se decretaría la emergencia nacional.