De un tiempo para acá, tiendas y grandes almacenes de cadena en el país reemplazaron con entusiasmo las tradicionales bolsas plásticas, que tardan unos 1.000 años en degradarse, por otras fabricadas con polietileno y que, según sus promotores, en seis meses se desintegran.
Desafortunadamente, el asunto no es tan claro como creen los compradores. El ingeniero Alberto Uribe, director de investigaciones del Centro de Estudios Ambientales de la Escuela Colombiana de Ingeniería Julio Garavito, y una de sus estudiantes de maestría, Lorena Albarracín, realizaron una investigación que demuestra que estas bolsas están lejos de ser la solución ambiental prometida.
“Las bolsas que se están comercializando tienen un letrero en el que se citan unas condiciones para que ocurra la degradación, pero esas condiciones no son las que tiene un relleno sanitario, que es el lugar al que van a dar las bolsas”, explica Uribe.
En términos generales, las etiquetas dicen que la composición de este producto promueve la oxidación y posterior rotura de las cadenas poliméricas cuando hay exposición a luz solar, luz ultravioleta y determinadas humedad y temperatura.
“Si tuviéramos sistemas de compostaje industrial, la bolsa podría degradarse, pero es un tratamiento muy distinto al de un relleno sanitario. Esos sistemas no están implementados a gran escala en ninguna parte del país”, apuntó el ingeniero.
Entre las grandes cadenas, Carrefour fue una de las pocas que no implementó las bolsas biodegradables. Según el ingeniero, este es un caso interesante, porque prefirieron continuar con la bolsa plástica tradicional y promover el uso de bolsas de tela: “Creo que es algo que está en consonancia con lo que estamos diciendo nosotros, que esas bolsas sólo podrían degradarse en condiciones muy atípicas. Es confundir al público, que regresa a su casa tranquilo por estar aportando algo al medio ambiente”.
En el mundo entero se está experimentando con una gran diversidad de materiales para poder al fin ofrecer una alternativa verde a los compradores. Los altos precios o la dificultad para que se degraden en condiciones normales siguen siendo las barreras.
Según el ingeniero Uribe, lo que se está haciendo ahora es como ofrecer un paracaídas a un buzo. Todo lo que le dicen es verdad, pero no sirve para sumergirse en el agua.