Hace 20 años el fenómeno de El Niño obligó a los colombianos a cambiar su vida. Racionamientos de luz por más de ocho horas diarias y, en casos como San Andrés, hasta de 18 horas, nos llevaron a reflexionar sobre la procedencia de estos servicios y el papel de la naturaleza en su producción. ¿De dónde viene el agua que tomamos o la que produce la energía eléctrica? La respuesta es simple: la producen las área naturales.
El costo de la conservación y de la degradación de nuestro capital natural ha sido considerado en forma insuficiente dentro de los costos totales de vida actual, lo que para Alberto Galán Sarmiento, director ejecutivo del Fondo Patrimonio Natural, “es una de las causas del problema ambiental global, porque, de alguna manera, el territorio de donde provienen el agua y los alimentos subsidia a las ciudades”.
Se estima que en el mundo la pérdida anual del capital natural, solamente desde el punto de vista de la pérdida de beneficios humanos, ha alcanzado entre US$2 billones y US$4,5 billones, casi 20 veces el presupuesto general de Colombia.
Por eso, valorar el capital natural que usan las ciudades implica un cambio de mentalidad. Las ciudades sustentables “deben pensar en la integralidad territorial. Eso significa entender la unión entre la ciudad y la región que le provee de todos los bienes y servicios de la naturaleza, y diseñar estrategias para funcionar como región”, afirma Daniel Caporale, coordinador de la maestría en Desarrollo Sostenible de Flacam.
El capital natural de Cali
Un buen ejemplo es lo que está sucediendo en Cali. Los caleños disfrutan de agua en sus casas gracias a cuatro ríos que la proveen. El río Cauca, que nace en el Macizo Colombiano, y los ríos Cali, Pance y Meléndez, que nacen en los Farallones de Cali, una región montañosa que hace parte de las 206.500 hectáreas del Parque Nacional Natural Farallones de Cali.
Estos bosques filtran de forma gradual el agua del suelo y las raíces, estabilizando su producción y atenuando los efectos de las inundaciones. Pero hoy la deforestación y la contaminación de los cauces amenazan la continuidad de este servicio ambiental.
En 2010 Emcali invirtió $12.111’000.000 (US$6’500.000) para potabilizar el agua. La cifra es un poco menos de la tercera parte de lo que el país tiene asignado para conservar 12 millones de hectáreas en los parques nacionales naturales. Las condiciones de estas fuentes de agua hacen que sea necesario el uso de insumos químicos, como sulfato de aluminio, cal, cloro y carbono activado, entre otros, para que sea apta para el consumo humano.
Una de las alternativas para reducir los costos en la potabilización es actuar en la conservación de los bosques, es decir, actuar en las causas y no en los efectos del deterioro de la calidad del líquido.
Para Harold Arango, consultor del Proyecto Incentivos a la Conservación, financiado por la Embajada de Holanda y administrado por el Fondo Patrimonio Natural, “valorar los servicios que la naturaleza le presta al hombre permitiría generar mejores estrategias e intervenciones para evitar los altos costos que implica garantizar la calidad de los servicios que reciben”.
Una de las estrategias para lograrlo es el pago por servicios ambientales, un instrumento económico que “incentiva mediante el pago los cambios necesarios que permitan la restauración y conservación de las áreas abastecedoras de los servicios ambientales”, explica Arango.
Invirtiendo en el río Cali
La iniciativa de pago por servicios ambientales que en la actualidad desarrolla el Fondo Patrimonio Natural en la cuenca del río Cali, a través del Proyecto Incentivos a la Conservación, en alianza con Emcali, el Dagma de Cali, el Parque Farallones y la Corporación del Valle del Cauca (CVC), busca mejorar la regulación y la calidad de agua que reciben los caleños.
Para el Departamento de Gestión Ambiental de la Gerencia de Acueducto y Alcantarillado de Emcali ESP, cuidar la fuente principal del acueducto era un gran reto, pues durante varios años hicieron inversiones en infraestructura y en reforestaciones con la comunidad, sin obtener los resultados deseados, afirma Claudia Marcela Jiménez, ecóloga de la empresa.
Por esta razón, vieron la necesidad de invertir en una solución que garantizara la sostenibilidad de la inversión a largo plazo. De acuerdo con Jiménez, con la estrategia de pagos por servicios ambientales se empodera a los dueños de los predios para que se hagan cargo de su sostenimiento. Igualmente, “nosotros somos conscientes de que gracias a la cuenca podemos abastecer a la ciudad y las acciones que desarrollamos son nuestra manera de retribuirle por ese servicio ambiental que nos está prestando”.
Al invertir en la parte alta de la cuenca se reducen cerca de 103 toneladas de sedimentos por año y se disminuyen los procesos erosivos. En un año, Emcali ahorrará cerca de $60 millones, manteniendo la calidad del agua, lo que significa que en el 2020 se tendrán $600 millones, producto de estos ahorros, que serán el incentivo para que los habitantes de la parte alta de la cuenca conserven los bosques.
Pero el reto es mucho mayor. Si la cobertura forestal de la cuenca estuviera en buen estado se producirían 1.296 toneladas de sedimentos al año, pero hoy se producen casi siete veces más. El compromiso de la ciudad con este enfoque está empezando. Se requiere que se mantenga y amplíe para lograr afrontar esto retos, y así tener una ciudad dispuesta a invertir en la conservación de su capital natural.