Nunca antes hablar de educación sexual había estado tan vigente. Basta con ver las estadísticas sobre embarazos en adolescentes, propagación del sida y delitos relacionados con abuso sexual, para saber que esta temática va mucho más allá de una asignatura escolar.
Como muchos creen, la educación no debe limitarse o equipararse a la información sobre los cambios físicos que se dan en el adolescente y a los métodos anticonceptivos que existen. La educación debe comenzar desde el nacimiento porque todas las personas son sexuales desde que nacen. Desde que los niños son pequeños, los padres deben enseñar una actitud sana, responsable y respetuosa frente al cuerpo y la desnudez. Asimismo, deben compaginar los valores y principios reinantes en el hogar al uso y manejo de la sexualidad, entendida en su máxima expresión, que no se limita al sexo. La sexualidad bien entendida y asumida deja de lado tabúes y prejuicios, así como actitudes extremas, como el abuso del cuerpo a través del sexo indiscriminado o el maltrato sexual hacia otros.
El diálogo sobre sexualidad debe iniciarse con los hijos desde los primeros años, aunque nunca es tarde para empezar. El sentido y las actitudes que los padres asuman como educadores son definitivos e influyen significativamente en los comportamientos sexuales actuales y posteriores de sus hijos.
Aunque un adolescente aparente saberlo todo, la mayoría de las veces tiene más dudas de las que los padres se imaginan: todos están ávidos de información, de respuestas y de explicaciones. Por ello es importante responder a sus preguntas de manera veraz y honesta. Facilíteles buena información al respecto, y por medio de libros, revistas y folletos ponga en sus manos contenidos responsables y confiables.
Hable con ellos tan pronto comiencen sus salidas con jóvenes del sexo opuesto. Permítales hacer sus preguntas con confianza. Si considera que no puede hablar con su hijo, estas preguntas pueden ser resueltas y explicadas por un experto en salud o un tercero, como un tío o un profesor.