El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Cristina Palacio

Exigente y talentosa, por sus manos han pasado varios de los mejores productos del Canal Caracol. Su más reciente éxito El cartel, a todas luces la mejor producción de la televisión colombiana en 2008.

06 de diciembre de 2008 - 05:00 p. m.
PUBLICIDAD

Ha sido una carrera vertiginosa. No sólo en el corre-corre propio del oficio días tras día. También en estos tres últimos lustros en los que Cristina Palacio ha llegado a la cima codiciada por todos los productores de televisión del país: tener su propia empresa en sociedad con el Grupo Santo Domingo.

Pero el camino no ha sido fácil para esta comunicadora javeriana que soñaba con ser periodista en sus tiempos de estudiante, con ser libretista, guionista y directora de sus propias creaciones al terminar su carrera. Por eso se fue, sin dudarlo, a hacer un máster en la New School for Social Research de Nueva York.

A su regreso, el destino le tenía libreteados otros roles, primero en RTI, luego en Cenpro, Tevecine, Teleset y en los últimos ocho años en Caracol. Comenzó como segunda asistente de dirección. Su tarea era llamar a los actores para coordinar los horarios de grabación. Luego fue asistente de dirección, asistente de producción, argumentista, libretista y hasta directora.

No imaginó, sin embargo, que gracias a su perfil y a su pilera descubriría su verdadero talento: ser productora.

A Caracol llegó como vicepresidente creativa, después fue vicepresidente de contenido y finalmente, vicepresidente de desarrollo. Esa fase laboral fue apasionante. Tenía que seleccionar qué proyectos se hacían y cómo deberían hacerse. Se movía en el filo de la navaja, entre los aciertos y los desaciertos. Tuvo que ver con decisiones claves en más de 15 realities, más de 20 telenovelas y numerosos programas de concurso.

Recuerda con particular afecto novelas como Pecados capitales, que ella escogió entre los numerosos proyectos que por entonces tenían sus creadores Dago García y Luis Felipe Salamanca. Pero su rollo en este y en otros proyectos no termina ahí. Continúa con el impulso que les da desde su área y el apoyo en su diseño creativo.

También tuvo que ver con La saga, que ella califica como una idea brillante de Dago. Parte de su trabajo fue convencer a los directivos de llevar a cabo un proyecto arriesgado, y con el visto bueno, colaborar en el diseño del producto.

La experiencia con los realities fue mucho más compleja. Como eran formatos inéditos y nadie tenía experiencia, no sólo tenía que decidir cuáles se hacían, sino que además tenía que producirlos. En uno u otro rol ha participado en todos los que ha realizado Caracol.

No ad for you

Sin embargo, uno de los géneros que más la apasionan es el de concursos. Produjo Quién quiere ser millonario y todos los demás que ha emitido el canal desde entonces, incluidos los primeros veinte capítulos del muy polémico Nada más que la verdad. Este programa está encuadrado en el tipo de televisión que le gusta a Cristina, el que plantea dilemas, genera debates y que no sólo cumple su función de entretener, sino además “permite preguntarnos en qué tipo de país queremos vivir y qué clase de personas queremos ser”.

Nada más que la verdad, recuerda Cristina, tuvo varias complicaciones. Primero, porque no estaba diseñado para salir todos los días, sino semanalmente. Segundo, porque con esa periodicidad se dificultaba la preproducción y la selección de los participantes elegidos. Y tercero porque las críticas arreciaron al final. Críticas que incluso comparte Cristina, quien no estaba vinculada al proyecto en la última fase.

No ad for you

Uno de los hitos de su ascendente carrera fue Sin tetas no hay paraíso, sobre todo porque marcó el regreso de la series al Canal Caracol. Esa producción tocó un tema controversial desde el comienzo pero, enfatiza Cristina, “tenía mucho mensaje, especialmente al final”.

Fiel al lema del oficio de que la mejor creación es la más reciente, sigue orgullosa de El cartel, no sólo por los brillantes libretos que tenía, sino porque ofrecía un enorme reto en la producción. Reconoce el aporte del elenco para evaluar el éxito de la serie no sólo desde la perspectiva de la sintonía, sino de su factura de incuestionable impronta internacional.

No ad for you

Pero no todo ha sido color de rosa. Sabe que no acertó en producciones como Nómadas o Buscando estrellas, que no fueron plenamente comprendidas por las audiencias. Aun en programas exitosos, Cristina siente que los resultados no colmaron sus expectativas. Temas que quiso poner a debatir, como el robo de una galleta en un Desafío, se diluyeron por los intereses coyunturales de los televidentes que polemizaban sobre asuntos más superficiales, como la conveniencia de rasurarse o los vestidos de baño de las mujeres participantes.

El primer hijo de su nueva productora será una serie que toque desde la óptica femenina el mundo del narcotráfico, a diferencia de la versión, muy masculina, que ese fenómeno tuvo en El cartel. Por ahora tiene el nombre de La fantástica. Trabaja también con premura y discreción en un programa de opinión que pronto conoceremos.

No ad for you

Ahora, desde la cima a la que ha llegado gracias a su tesón, valora los riesgos que Caracol asumió por sus decisiones, “Es un canal que apuesta. Me dejaron equivocar y eso lo agradeceré siempre”. Ahí, en esa altura, esta bogotana se siente ahora más libre para diseñar nuevos proyectos que no estén forzosamente atados a una franja o una parrilla específica.

Se sabe una mujer de riesgos, proclive a hacer cosas diferentes, que valora el público juvenil porque es el más difícil y porque no le gusta nada. Sigue concentrada en su objetivo de “atacar el mercado internacional” y en hacer cine, especialmente cortometrajes. Y no para en su veloz ascenso. Nadie como ella sabe lo que vale el tiempo en televisión.

Temas recomendados:

Ver todas las noticias