¿Alguna vez ha pensado en la posibilidad de donar sus órganos después de fallecer y en las personas que podrían beneficiarse de esta decisión? ¿Ha discutido el tema con su familia? Estas y otras preguntas son la base de la campaña por la donación de órganos que se iniciará el próximo domingo a medio día en el centro comercial Gran Estación, de Bogotá. El evento, organizado por el Instituto Nacional de Salud y la Red Nacional de Donación y Trasplante, tiene como objetivo llamar la atención de los ciudadanos y buscar que se comprometan con esta causa.
Colombia, en comparación con otros países como España, registra cifras muy bajas en cuanto a la donación de órganos: 23 donantes por cada millón de habitantes, mientras que en el país ibérico hay 40. “Tenemos el deber de aumentar esta cifra”, explica Alejandro Niño Murcia, director ejecutivo de la Asociación Colombiana de Trasplantes de Órganos. Y agrega que el evento, que se realizará en el marco del Día Mundial de la Donación y Trasplante de Órganos y Tejidos, busca que la gente piense en la opción de la donación como una posibilidad y desmitifique la idea de que ésta puede ser perjudicial.
Cualquier persona, independientemente de su raza, sexo o talla, puede ser un donante potencial que salvaría la vida de aproximadamente 55 pacientes, según la Red Nacional de Donación y Trasplante de Órganos. Además, se estima que unos 3.000 colombianos podrían conservar o mejorar su calidad de vida con un trasplante.
Por otro lado, la campaña busca que quienes han tomado la decisión de donar sus órganos lo comenten con sus familias, debido a que son los parientes quienes, finalmente, dan el visto bueno. “Aunque en Colombia existe la presunción legal de la donación, en la que se contempla que todos somos donantes, nosotros siempre buscamos el consentimiento de las familias”, aclara Niño. Y advierte que generalmente, cuando una persona entra en muerte encefálica y ha dejado por escrito su consentimiento, sus seres queridos lo respetan. Sin embargo, si eso no ocurre, es probable que no acepten que se haga ningún tipo de trasplante. Tanto así, que de cada 10 personas que se encuentran en muerte encefálica en nuestro país, cuatro familias niegan la donación así haya sido la voluntad de la persona que falleció.
Por eso, María Aurora Camacho, quien recibió hace seis años un trasplante de riñón, no duda en pedir a las familias de los futuros donantes, “que sean generosas y acepten que su ser querido done sus órganos, porque con su decisión pueden salvar a personas que, como yo, estuvieron en un estado crítico”.