El conflicto que ha despertado el proyecto del gobierno brasileño de construir una hidroeléctrica sobre el río Xingú, en el estado amazónico de Pará, cada día se parece más a la historia que el director de cine James Cameron narró en su taquillera película Avatar donde la raza de los navis enfrenta a los humanos, quienes quieren adueñarse de una inmensa ‘veta de unobtainium’, un mineral que supondría la solución a los problemas energéticos de la Tierra.
Durante tres días, el cineasta norteamericano, quien participó en el Foro Internacional para la Sostenibilidad del Amazonas, navegó por los meandros del río para corroborar el posible impacto que tendría la construcción de la represa de Belo Monte.
Según expertos, la represa se convertiría en la tercera más grande del planeta, detrás de la china de las Tres Gargantas y la de Itaipú, que comparten Brasil y Paraguay. La obra, aprobada el pasado 18 de marzo por el gobierno después de casi dos décadas de debate, exigirá inversiones por unos US$10.600 millones y tendrá una potencia instalada de 11.233 megavatios.
“Para la gente que vive a la orilla del río, como han hecho durante miles de años, el daño ocasionado por la represa acabaría con su forma de vida”, comentó Cameron en una rueda de prensa, luego de dialogar con miembros de los pueblos Juruna, Xipaia, Xikrin Kayapo, así como con el obispo de la Prelatura del Xingú, Erwin Kreutler.
ONG como Amazon Watch, Movimiento Xingú Vivo para Siempre y el Instituto Socioambiental se oponen a la construcción de la represa, pues supone la inundación de aproximadamente 400 kilómetros cuadrados de selva y, según sus cálculos, afectaría a no menos de 40.000 personas que viven en la zona. Además, temen que las reservas de pesca se vean alteradas por el desvío de aguas.
“Siempre hay otras soluciones cuando los buenos líderes ponen de su parte para resolver un problema”, dijo Cameron, quien pidió al gobierno de Lula reconsiderar el proyecto en el que también participa el sector privado.
Desde el corazón de la Amazonia, el cineasta habló sobre el poder del cine para transformar la conciencia de las personas a favor de causas como el cuidado del medio ambiente. Explicó que, al igual que los Navi (indígenas de Avatar), que creen que todos los seres vivientes están conectados, los ambientalistas actuales han aportado suficientes pruebas para considerar que todos los sistemas del planeta se afectan unos a otros y que, por ese motivo, nuestras acciones tienen repercusiones globales.
“Nos estamos extendiendo por todas partes: ¿qué pasará cuando la Tierra no pueda más?”, inquirió Cameron, quien advirtió sobre la insostenibilidad del modelo de globalización en el que las tendencias de consumo aumentan y los recursos se agotan. Reclamó sobre la responsabilidad de todos para combatir el cambio climático y buscar alternativas energéticas que no destruyan el medio ambiente.
“Somos los propietarios de nuestro futuro y debemos ser los guerreros de nuestro planeta”, defendió, en una clara referencia a los personajes de su película, que luchan para liberar su hábitat natural de la amenaza de los humanos.