Dice un proverbio indio que “cuando el último árbol sea cortado, el último río envenenado, el último pez pescado, sólo entonces el hombre descubrirá que el dinero no se come”. Ese es el error que hemos cometido por años: pensar que el planeta Tierra es un negocio.
Por eso, el Quinto Informe de Biodiversidad Biológica de Colombia, realizado por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y el Ministerio de Ambiente, busca darle la vuelta al enfoque tradicional. No se trata de frenar el desarrollo, sino de entender que está atado a la biodiversidad y a los ecosistemas.
Como dijo Jimena Puyana, oficial de Desarrollo Sostenible del PNUD, el informe apunta a tres objetivos. El primero es que “la biodiversidad sea una oportunidad y no un problema para el progreso de los sectores productivos”. El segundo pretende incluir los postulados en el Plan Nacional de Desarrollo 2014-2018, y el tercero consiste en crear una agenda para 2015, que ponga a pensar a la sociedad en términos sostenibles.
Más de 100 documentos dieron forma a esta investigación. El economista Juan Pablo Ruiz y la microbióloga Lorena Franco fueron quienes emprendieron la ardua labor. La exploración indagó en la revisión de informes de gestión del Ministerio, de los institutos de investigación del Sistema Nacional Ambiental, páginas web de las CAR, información de ONG y publicaciones mundiales.
Como parte del Convenio sobre Diversidad Biológica (CDB), al que Colombia se encuentra adscrita desde 1994, el país tiene la obligación de informar sobre las medidas adoptadas para la implementación de las directrices internas.
La idea es tratar de integrar las dimensiones social, económica y ecológica, y la sostenibilidad, pues hasta el momento van por caminos separados. El propósito es lograr empalmar las instituciones con prácticas concretas y políticas públicas tangibles.
Paula Rojas, funcionaria del Minambiente, aseguró que el informe es ambicioso porque “posiciona la biodiversidad en todos los discursos, y no sólo en el ambiental”.
El documento consta de tres partes. Una revela un contexto general de Colombia y su importancia en los servicios ecosistémicos para la sociedad. Allí se reafirma que Colombia es, después de Brasil, el segundo país más biodiverso del mundo: una región que ocupa apenas el 0,22% del territorio mundial y en el que viven el 10% de las especies conocidas del mundo y subsisten 311 ecosistemas.
Un segundo punto hace hincapié en los motores de transformación y pérdida de esa biodiversidad. Identificaron cinco: cambios en el uso del suelo, invasiones biológicas, contaminación y toxificación, degradación de la tierra y cambio climático.
Juan Pablo Ruiz aseguró que se debe mirar el hoy y las posibilidades actuales de consolidación para poder planificar el crecimiento de los sectores que van a una velocidad frenética. Por ejemplo: la ganadería pasó en los últimos 50 años de 14 a 39 millones de hectáreas; la minería creció 87% entre 2004 y 2007; las sabanas tropicales aumentaron 100.000 hectáreas por año y los bosques que en 1990 cubrían el 56,5% del territorio, en 2010 alcanzaban el 51,4%. “No hay que crecer tan rápido, sino saber crecer”, explicó Ruiz.
Finalmente, se presentan los avances de Colombia en relación con los Objetivos del Milenio. Aquí se incluyen las lecciones aprendidas y las recomendaciones a seguir. Una de éstas es abrirle paso a la coyuntura de la paz mediante el fortalecimiento de las instituciones, la conservación de áreas protegidas, la presencia estatal y la adecuada asignación presupuestal, entre otros aspectos.
Eso quiere decir que el cambio climático ha puesto en evidencia la poca flexibilidad de los sistemas colombianos para responder adaptativamente. Eso, también, quiere decir que Colombia es vulnerable. Que la tierra tiene hartos inconvenientes. Que ya es hora de empezar con un plan B. Que queremos desarrollo, sí, pero no así.
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