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Diez genes que sacuden al mundo

Se cree que el virus H1N1 es un descendiente extraviado del que causó la epidemia de influenza en 1918. En las próximas semanas se seguirá esparciendo por todo el planeta aprovechando las temporadas de invierno.

09 de mayo de 2009 - 05:00 p. m.
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La epidemia de influenza A, que sigue esparciéndose por el planeta, nos recordó lo vulnerable que somos como especie. Basta con que los 10 genes que conforman el material genético de un virus como el H1N1 se reacomoden en una secuencia particular para que los 6.800 millones de seres humanos tengamos que correr amedrentados a escondernos detrás de un tapaboca, que por cierto no es garantía total ante una amenaza tan pequeña. Un virus, que no puede considerarse un organismo vivo, pero tampoco materia inerte, es cinco millones de veces más pequeño que una cucaracha.

Jeffery Taubenberger, quien trabaja para el Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas de Estados Unidos, reconocido por una formidable investigación sobre la epidemia de influenza de 1918, considera que “aun con los modernos antivirales, antibióticos, vacunas y conocimientos en prevención, el retorno de un virus pandémico equivalente en patogenicidad al de 1918 mataría alrededor de 100 millones de personas”. El virus de influenza de 1918, que tardó unos seis meses en desperdigarse por todos los continentes, mató a 50 millones de personas e infectó al menos a  500 millones.

Ya han transcurrido dos semanas desde que el gobierno de México anunció que en el Distrito Federal se había desatado una epidemia causada por una variante desconocida del virus de la influenza A. En un informe del 6 de mayo, el Morbidity and Mortality Weekly Report estima que en México han aparecido cerca de 12.000 casos sospechosos de la nueva gripe, además de los 1.000 que se han podido confirmar.

En Estados Unidos son más de 600 los confirmados y 800 los sospechosos. El reporte muestra que hasta ahora el 99% de los casos sospechosos resultan positivos para el A H1N1 cuando se les practica la prueba. Desafortunadamente, el balance de víctimas sigue siendo tan caótico como el tráfico de esta populosa ciudad.

Mientras se aclara el asunto de las víctimas, gracias a los resultados que comienzan a arrojar las investigaciones de virólogos de EE.UU., Inglaterra, Canadá y Hong Kong, que trabajan en cadenas de colaboración, sabemos que el virus H1N1 es menos mortal de lo que se creyó. Su letalidad se encuentra en el rango estimado para un virus de este tipo, entre 1 y 4%. ¡Esta vez tuvimos suerte!

En un mundo de virus

Los virus son partículas inquietantes: la frontera entre lo vivo y lo muerto. No se consideran organismos como las bacterias porque no tienen organelos celulares. Son apenas un pequeño fragmento de material genético revestido de unas cuantas proteínas. Ni siquiera pueden reproducirse por su cuenta. Necesitan aprovechar la maquinaria reproductora de una célula huésped para multiplicarse.

Un tanque con 100 a 200 litros de agua puede contener más de 100.000 virus distintos genéticamente. En el océano, virólogos como Shannon Williamson, del Craig Venter Institute, calculan que flotan un millón de trillones de trillones de virus. “Creo que constantemente seremos sorprendidos”, comentó Roland Wolkowicz, un virólogo molecular de la Universidad de San Diego a Carl Zimmer del periódico The New York Times, “los virus son diversos porque mutan muy rápido y mezclan genes. En ocasiones toman genes de sus huéspedes y pueden intercambiar genes con otros virus”.

No es común que un virus encuentre la llave para abrir la puerta que separa una especie de otra, pero cuando lo hace por lo general crea serios problemas. Ya conocemos bastante bien la historia del VIH. La teoría, aceptada por un gran número de científicos, es que en algún momento el VIH saltó de los primates a los humanos, posiblemente en algún rincón perdido de África, despertando un monstruo entre nosotros: el Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (sida).

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Aún no se aclara el origen de la actual epidemia. Muchas miradas comienzan a dirigirse hacia Alberta (Canadá), donde se han detectado cerdos infectados con el virus. Hasta ahora no es más que especulación. De lo que podemos estar seguros es de que en las próximas semanas y meses el virus seguirá esparciéndose por el planeta aprovechando las temporadas de invierno. Cuando el aire es frío y seco las gotas microscópicas de un estornudo, que son su vehículo para pasar de humano a humano, permanecen más tiempo en el aire, multiplicándose las posibilidades de contagio.

Entre tanto, los gobiernos con presupuestos abultados, seguirán aprovisionándose de antivirales como el tamiflú y el relenza: saben que tarde o temprano tendrán que usarlos. Los medios poco a poco irán relegando las noticias de la influenza a páginas secundarias y con menos llamadas que atender de la prensa, los virólogos tendrán más tiempo para estudiar cada gen y proteína que forma al H1N1 hasta reconstruir su linaje. Igual que los genealogistas, los virólogos pueden reconstruir el árbol de antepasados de un virus. Éste, por ejemplo, es un descendiente extraviado del que apareció en 1918, que evolucionó oculto entre los cerdos.

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Existe la promesa de que en seis meses podría fabricarse una vacuna. La francesa Sanofi-Aventis, la suiza Novartis, la británica GlaxoSmithKline, la australiana CSL y AstraZeneca han mostrado su interés en correr esa maratón. ¿Cuántas personas pueden morir mientras alguna de las farmacéuticas da la buena noticia? Es prematuro arriesgar un porcentaje. “Es un virus nuevo y no se sabe muy bien cómo reaccionará en las distintas poblaciones”, es la respuesta del virólogo colombiano Carlos Arturo Guerrero, de la Universidad Nacional.

Armaggedon

Ahora que sabemos que el virus H1N1 no tiene la letalidad de otro primo suyo, el virus de la influenza H5N1, mejor conocido como influenza aviar y que puede llegar a matar al 65% de los infectados, no significa que sea hora de olvidarnos del asunto. La historia de este virus apenas comienza a escribirse. Yi Guan, virólogo de la Universidad de Hong Kong, quien en 2003 identificó el virus SARS en un mercado de la provincia china de Guangdong, sabe muy bien a qué nos enfrentamos.

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“Todos los virus, luego de una transmisión entre especies, evolucionan rápido… si el nuevo virus va a evolucionar a una cepa más virulenta, así como lo hizo el de la gripe española, es algo de lo que no tenemos ni idea”, explicó Guan en la entrevista que el periodista Jon Cohen le hizo para la revista Science.

“¿Depende de futuras mutaciones?, contrapreguntó Cohen.

“Depende de mutaciones y de “reagrupaciones” con otros virus, como el H5N1. Podría ser una pesadilla para el mundo”, respondió Guan. “¿Está hablando del virus Armageddon?”, insistió Cohen. “La posibilidad de que estos dos virus se mezclen es muy baja, pero no podemos descartarla. Ahora el H5N1 se encuentra en más de 60 países”, aclaró el virólogo. Cohen deslizó una última pregunta: “Y si la pesadilla se hace realidad?”. Guan respondió: “Si eso sucede, me encerraré con llave en mi laboratorio”.

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