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El arma de la violencia sexual

Comentarios a un informe de las Naciones Unidas.

22 de febrero de 2012 - 05:52 p. m.
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La violencia sexual en conflictos es hoy una grave crisis que afecta a millones de personas en el mundo. Acabar con la violencia sexual como táctica de guerra sigue siendo uno de los mayores desafíos para la protección de los derechos humanos. El reporte anual del Secretario-General de las Naciones Unidas, publicado esta semana, es el primero en contener una lista que busca «nombrar y avergonzar» por los delitos relacionados con la violencia sexual en conflictos. La lista es la herramienta más reciente del Consejo de Seguridad en la lucha contra la impunidad, y envía una fuerte señal a aquellos que toleran la violencia sexual desafiando el derecho internacional.

Algunas de las historias individuales que se incluyen en el informe son relatos desgarradores. En Siria, se recibieron testimonios de hombres que declararon que habían sido abusados sexualmente y que habían sido testigos de violaciones a niños adolescentes. En Libia, las mujeres fueron secuestradas de sus hogares, de los coches o de las calles y fueron violadas, mientras que los hombres fueron sodomizados en las cárceles y en los lugares de detención como un medio para obtener información de inteligencia.

Es positivo y alentador que el Consejo de Seguridad sigue ocupándose de la violencia sexual en época de conflictos. Pero estoy, sin embargo, profundamente alarmada por las incesantes violaciones de los derechos humanos, incluyendo la alta tasa de incidencia de violaciones sistemáticas durante los conflictos armados en el mundo. Es de particular preocupación el hecho de que muchos de los casos denunciados parecen haber sido perpetrados por las fuerzas de seguridad nacional –las mismas personas que tienen el mandato de proteger a sus propios ciudadanos–. Mientras que el uniforme debe simbolizar la seguridad, la disciplina y el servicio público, en muchos lugares representa más bien, la violación, el saqueo y el terror.

Otra preocupación es el uso de la violencia sexual, o la amenaza del mismo, como un instrumento de represión política en el contexto de las elecciones y los disturbios civiles. También sabemos de ejemplos de diferentes formas de violencia sexual que se emplean en centros de detención y en los cruces fronterizos en varias situaciones de conflicto.

La violencia sexual es utilizada por líderes políticos y militares para alcanzar fines políticos, militares y económicos, destruyendo el tejido de la sociedad. Se trata de un arma silenciosa, barata y eficaz, con efectos graves y de larga duración, que afecta tanto a la persona como a las posibilidades de construir una paz sostenible. Hay un mito persistente de que la violación es inevitable en tiempos de guerra. Pero si la violencia sexual puede ser planificada, entonces puede ser castigada, si puede ser ordenada, entonces puede ser condenada.

La impunidad sigue siendo un gran reto en muchos países. Es por eso que es nuestra prioridad la lucha contra la impunidad de los crímenes de violencia sexual relacionada con conflicto. Estamos ahora viendo los resultados, por ejemplo, en la República Democrática del Congo (RDC): en menos de un año, más de 250 juicios contra elementos de las fuerzas de seguridad nacionales se llevaron a cabo con la asistencia de las Naciones Unidas. Esto dio lugar a más de 150 personas condenadas por violación y otras formas de violencia sexual. Todavía queda mucho por hacer.

*Representante especial del Secretario General de las Naciones Unidas sobre la Violencia Sexual en los Conflictos.

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