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El aroma de la reconciliación

Una empresa de café creada por 19 jóvenes desmovilizados fue exaltada por el ICBF debido a su calidad.

15 de julio de 2010 - 07:29 p. m.
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Durante los 730 días que estuvo en la selva, Liliand Méndez aprendió a cocinar en precarias condiciones, a obedecer y a no dejarse vencer por el sueño durante las largas jornadas que debía permanecer de guardia. Hace más de cuatro años dejó las armas y comenzó una nueva vida. Formó una familia y se dedicó a estudiar. Ronald Arboleda también perteneció a las filas de un grupo armado ilegal. Al igual que Liliand, ingresó por curiosidad y con el tiempo comprendió que estaba en el lugar equivocado.

A pesar de la crudeza de la guerra, las ilusiones de estos dos jóvenes se mantuvieron intactas. Se reinsertaron a la sociedad dispuestos a ayudar a sus familias y a forjarse un futuro prometedor. En 2008, con la ayuda de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), Tejido Humano, Comfenalco y la ONG USAID, Ronald Arboleda y Liliand Méndez, junto a otros 17 adolescentes desmovilizados, se animaron a conformar una empresa de café. En estos últimos dos años han perfeccionado los procesos de trilla, tostado y empaque y ya comercializan 900 libras mensuales en Armenia y Bogotá.

Vivo Café se ha convertido en su proyecto de vida y en la esperanza de poder contribuir económicamente a sus hogares. Su empuje y emprendimiento fue reconocido ayer por el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) en el marco del evento Los Jóvenes Tienen la Palabra. Se trata de una iniciativa creada en 2002, mediante la cual se busca destacar experiencias impulsadas por la juventud en condiciones de vulnerabilidad.

Más de dos mil adolescentes, muchos de ellos menores de edad, se han beneficiado de este programa. Entre ayer y hoy, en el Centro de Convenciones AR, al norte de Bogotá, se presentaron cerca de 300 iniciativas similares a la de Vivo Café, que involucran a jóvenes que superaron la adicción a las drogas, se desmovilizaron o enfrentaron embarazos no deseados.

Ronald Arboleda y Liliand Méndez fueron los encargados de representar a su compañía durante este encuentro y de enviar un mensaje de aliento a quienes todavía siguen inmersos en el conflicto. Liliand confiesa que la concepción de la empresa no fue fácil. Tuvieron que investigar mucho y hacer una especie de inmersión en la cultura cafetera. La idea, cuenta, surgió luego de que comprobaran el éxito que tuvo un Punto de Café que abrió en Armenia Comfenalco.

“Como todavía muchos de nosotros éramos menores de edad, la OIM nos brindó su ayuda. De hecho, ellos son nuestro primer gran cliente en Bogotá”, explicó Ronald con una sonrisa. A sus 19 años este joven caleño había adelantado previamente estudios de enfermería, pero el potencial que vio en el negocio del café lo animó a tomar un rumbo profesional distinto.

Su familia, dice, se siente muy contenta, no sólo porque lo recuperaron después de haber estado varios años en la selva, sino porque con su trabajo podrá alivianar las cargas de sus padres. La ilusión de Liliand Méndez, en cambio,  es sacar a su hijo de tres años adelante y evitar que su mamá pase necesidades. Como Vivo Café es una compañía tan nueva, por ahora las ganancias se reinvierten para mejorar la calidad del grano. Pero esperan estar muy pronto en la capacidad de asignarse un buen sueldo y de dar a conocer su marca en toda Colombia.

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