Durante las últimas tres semanas la Asociación Colombiana de Padres con Hijos Especiales (Acphes) y un grupo de personas que se dedica a trabajar por el bienestar de la población discapacitada en el país (cerca del 10% del censo electoral), se han dedicado a visitar los centros comerciales de las principales ciudades para recolectar sillas de ruedas, muletas, anteojos, audífonos, equipos braille, bastones, prótesis, férulas y todo tipo de ayudas técnicas usadas, pero en buen estado, que se convertirán en el capital de su proyecto más ambicioso: el banco de la esperanza.
Un lugar al que podrán acceder personas de todos los niveles socieconómicos, que requieran ayuda para ser miembros activos de la sociedad. El único requisito es llenar un formulario describiendo su estado de salud y qué tipo de asistencia necesitan.
Posteriormente los directivos del banco, junto con un grupo de médicos, estudian la solicitud y de acuerdo con su requerimiento y capacidad adquisitiva le regalan, alquilan o venden el equipo. “En este último caso, el dinero que sea colectado servirá para subsidiar a otros”, explica Jaime Zuluaga, director ejecutivo del banco y uno de los promotores de la iniciativa, a través de su empresa Correcaminos TV.
En una bodega al norte de Bogotá están guardados los equipos que han podido recoger durante este mes, la mayoría son sillas de ruedas. Sin embargo, también han recibido donaciones económicas a través del teléfono 2745284, en donde ya les han consignado cerca de $13 millones. Jenny Gómez, fundadora de Acphes reconoce que esta iniciativa busca garantizarle a la población discapacitada, “que se encuentra abandonada por el Estado, una vida más digna y la posibilidad de trabajar y de sentirse miembros activos de la sociedad, a pesar de su condición”. Por ello, los usuarios de este banco no sólo tendrán acceso a ayudas técnicas y tecnológicas, sino que podrán inscribirse en talleres de capacitación.
Dentro de las opciones que pueden elegir está la de aprender a hacer helados para una pequeña fábrica que funciona dentro de las instalaciones de Acphes en Bogotá, o asistir a talleres de marquetería, música, pintura e incluso cursos en donde aprenderán a reparar audífonos, gafas, muletas y ayudas técnicas que hayan sido donadas al banco de la esperanza, pero que no se encuentren en óptimas condiciones. “En un futuro nos gustaría enseñarles también a fabricar estos objetos. Pero sabemos que este será un proceso más largo”.
Entre tanto, decenas de padres y familiares de niños, jóvenes y adultos con discapacidades físicas y cognitivas están a la espera de que sus seres queridos logren recibir la ayuda que tanto necesitan. Por el momento el banco de la esperanza se encuentra en la primera fase, que consiste en recibir las donaciones, después se estudiarán las solicitudes y finalmente se entregarán los equipos. “Nuestra meta es ayudar más de 700 mil personas. Pero sabemos que eso depende de la buena voluntad de los colombianos”, concluye Jenny Gómez.