Éstas incluyen las compensaciones para evitar la deforestación, las transferencias tecnológicas, el financiamiento de las reducciones de gases de efecto invernadero y la adaptación al cambio climático.
Las dos economías más grandes de la región son líderes en políticas sobre el clima: Brasil se centró en reducir la deforestación y México en la puesta en marcha de su Programa Especial sobre Cambio Climático. Costa Rica, en tanto, es pionero en un sistema de pago a los propietarios de las tierras por la conservación de los bosques.
La realidad es que la región genera el 6% de los gases de efecto invernadero del mundo, o el 13% si se toma en cuenta la deforestación y la agricultura. El nivel relativamente bajo de emisiones se debe al uso de energía limpia a través de centrales hidroeléctricas. De hecho, América Latina está a la vanguardia del crecimiento con bajos niveles de emisiones. No obstante, se prevé que esta situación cambie en los próximos 25 años, a medida que se extiendan los sectores de transporte e industria.
Siendo una de las regiones más ricas en biodiversidad, América Latina asume la responsabilidad de la conservación de los recursos naturales, que ayudan a capturar carbono y preservar las cuencas hidrográficas. Pero los países ricos también deben ayudar a los que están en vía de desarrollo a financiar los costos de la adaptación a los efectos del cambio climático. Según estudios del Banco Mundial, en 2020 estos costos oscilarían entre los US$16.000 millones y los US$19.000 millones anuales.
La región es una víctima del cambio climático. En los Andes, los glaciares se están retrayendo y algunos podrían desaparecer en 10 ó 20 años. Aparte de los efectos en las laderas orientales (la zona de mayor diversidad biológica del mundo), la desaparición de los glaciares tendrá efectos económicos para los residentes más pobres de la región.
Hay mucho en juego en Copenhague para América Latina. Si se logran avances considerables, habrá bastante terreno ganado para que se adopte un tratado legalmente vinculante el próximo año en México. Un resultado como ése sería un gran paso para el mundo y una señal del liderazgo de América Latina.
* Directora de Desarrollo Sostenible para América Latina y el Caribe del Banco Mundial