Pero a los achaques propios de la edad se sumaron el dolor de una ausencia que ahora será eterna y la desesperación de saber que a su niño, cuyo cuarto mantuvieron intacto en la casa del barrio Centenario de Bogotá, sólo le pueden ofrecer un entierro.
Don Silvio nunca quiso que su hijo hiciera carrera en la Policía. Mientras la vida del joven se diluía en la manigua, este zapatero abrió un almacén. “Es por eso que en nuestra mesa nunca faltó el alimento. Ahora tenemos el almacén, el alimento, pero nos falta el aliento”, decía doña Magdalena antes. Antes de que los guerrilleros ejecutaran a su hijo a sangre fría. Antes de que perdiera el aliento por completo.
Doña Magdalena y don Silvio tuvieron cuatro hijos, el único hombre era Elkin. Cuando cayó en poder de las Farc, doña Magdalena viajó cinco veces a la zona de distensión, pero los jefes guerrilleros nunca le permitieron verlo. Hasta este 26 de noviembre, la esperanza de reecontrarse con él fue una mecha siempre encendida.
El padre que no conoció
Este domingo en la tarde aterrizó en Bogotá Susy Abitbol desde París. La esperaban su hija Viviana y sus suegros, desconsolados todos ante su nueva realidad: que el coronel Édgar Yesid Duarte pasó de la selva a la tumba. Susy y Viviana se quedaron con las ganas de compartir con el esposo y padre que la guerrilla les arrebató hace 13 años.
A lo largo del cautiverio del coronel, Susy se negó a cerrar esa etapa de su vida como si fuera una viuda. Se habían casado cuando ella tenía menos de 25 años, y su hija Viviana le decía con insistencia: “Consíguete un novio, mami”. Nunca pudo. Esperar el regreso de su esposo hacía parte de su vida, así como acudir a los medios, año tras año, para que no lo relegaran al olvido.
Viviana, al igual que Johan Stiven Martínez, nunca conoció a su padre: tenía dos años cuando él fue plagiado. Conmovía hasta las lágrimas a sus compañeras de colegio cuando llegaban pruebas de supervivencia y no podía poner la cabeza en su almohada en las noches sin pensar en el oficial: “¿Cómo estará durmiendo? ¿Seguirá tan flaquito y acabado? ¿Cuándo lo veremos? Qué miedo…”. Sus pensamientos, tristemente, son hoy una pesadilla que apenas comienza.