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¿El eslabón oculto del DAS?

Marta Leal fue protagonista central de episodios como el caso ‘Tasmania’ o la visita de ‘Job’ a la Casa de Nariño. Aunque ella dice que fue víctima durante la administración de Jorge Noguera, la justicia la investiga.

25 de mayo de 2009 - 07:30 p. m.
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Marta Inés Leal ingresó al DAS en 1996 como experta en relaciones internacionales y fue destacada para el Departamento de Análisis y Operaciones Especiales. Su labor consistía básicamente en evaluar cada documento confidencial que pasaba por sus manos y podía ser útil para la seguridad del Estado. De esta forma se convirtió en una funcionaria de total confianza para sus jefes y sus anotaciones sobre eventuales amenazas para la seguridad interna siempre eran tenidas en cuenta. Por eso empezó a participar en reuniones de alto nivel y su nombre inspiraba respeto entre colegas y compañeros en la institución.

Cada vez que llegaba un nuevo directivo al DAS era presentada como una de las funcionarias de mayor eficiencia y cobró especial notoriedad en la administración de Jorge Noguera. Ella dice que fue víctima de esta gestión y que, por el contrario, casi que “la extraditaron y humillaron”. Lo cierto es que no demoró el primer traspié. El tristemente célebre ex jefe de informática del DAS Rafael García, en el ventilador que le abrió el camino a la parapolítica en 2005 y 2006, la vinculó tangencialmente al relacionarla como una de las personas que sabía de la entrega de listas de sindicalistas al bloque norte de las Autodefensas.

Después de mantener un estratégico bajo perfil, moviéndose a sus anchas en el análisis de seguridad nacional, por primera vez vio cómo su nombre saltaba a las páginas de los periódicos. Rafael García la calificó como “la mano derecha” del controvertido ex director de inteligencia, Enrique Ariza, y llegó a decirse que se negó a informar a las autoridades sobre lo que estaba sucediendo en el interior del organismo de inteligencia.

Leal sostiene que su único pecado fue negarse a entregarle información confidencial al entonces secretario general del DAS y, ese sí, hombre de confianza de Noguera, Giancarlo Auque. Marta Leal logró capotear las acusaciones de su ex compañero de labores en el DAS y, aunque se dijo que saldría de la institución para evitar que los señalamientos de García ensuciaran más su nombre, permaneció esperando a que la marea del escándalo bajara.

De una u otra manera, su anonimato la protegió y así superó los bruscos cambios en la institución. Salió Noguera del DAS, en medio del absoluto desprestigio que hoy lo tiene tras las rejas; salieron los jefes de inteligencia y contrainteligencia; regresó el capitán (r) de la Armada Jorge Lagos y el DAS se oxigenó con la llegada de Andrés Peñate y María del Pilar Hurtado. Con el paso de los días, Marta Leal volvió a ser considerada ficha clave en la institución, y prueba de ello es que fue tenida en cuenta para compartir los más delicados asuntos bajo su control.

Una fuente le comentó a El Espectador que Marta Leal obtuvo tanta confianza de Pilar Hurtado que se hizo habitual visitante de la Casa de Nariño en reuniones de alta seguridad, e incluso llegó a reemplazar a la directora del DAS. En esas reuniones conoció al secretario general de la Presidencia, Bernardo Moreno, y los inmediatos acontecimientos se encargarían de demostrar que entre los dos predominó ante todo la confianza. La primera prueba surgió a mediados de 2007 en el episodio conocido como el caso Tasmania.

Fue Marta Leal la funcionaria que, instruida por la directora Hurtado y con la aquiescencia del secretario Moreno, se trasladó a la cárcel de Itagüí a recibir la evidencia que supuestamente demostraría que algunos magistrados de la Corte Suprema de Justicia estaban orquestando un complot contra el presidente Uribe. A su regreso apareció con una declaración firmada por el sujeto conocido como alias Tasmania, en la que aseguraba haber recibido presiones y ofertas de tratamiento benigno a cambio de comprometer judicialmente al Jefe del Estado.

Semanas después, la declaración de Tasmania empezó a derrumbarse. El supuesto testigo se retractó y aunque la justicia no derivó mayores investigaciones sobre lo sucedido, quedó en el aire la evidencia de que había sido un montaje urdido para desprestigiar al magistrado auxiliar y principal investigador de la parapolitica, Iván Velásquez. De una u otra manera, el DAS había participado en las reuniones para recaudar ese falso testimonio y paradójicamente la persona que había representado a la institución había sido Marta Leal, ya para entonces funcionaria esencial en los planes de María del Pilar Hurtado.

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El Espectador contactó a personas cercanas a Leal y coincidieron en reconocer que si alguien gozaba de la cercanía de la directora del DAS, al punto que todas las semanas sostenían reuniones a puerta cerrada, era Marta Leal. Se comentaba en los pasillos que “cada vez que ambas se reunían era porque había algún requerimiento del Gobierno que debía ser atendido con urgencia”. Por tal razón, no demoró en aparecer una nueva evidencia de este papel. Nada más ni nada menos que la controvertida visita a la casa presidencial del vocero de los grupos paramilitares y mano derecha de Don Berna, el sujeto conocido como alias Job.

Al comienzo se rumoró que la directora Hurtado había enviado al encuentro a un funcionario de tercera categoría para que registrara la información que debía entregar el paramilitar desmovilizado. Sin embargo, en la medida en que el escándalo fue creciendo, se supo que se trataba de Marta Leal. Cuatro meses después de la reunión de Job y altos funcionarios de la Casa de Nariño, la revista Semana entregó los detalles del encuentro y, entre los nombres de los partícipes de la reunión, reapareció el de Marta Leal, una vez más cruzada en polémicos escenarios que no hablaban bien de los movimientos de influyentes protagonistas del Gobierno.

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A los pocos días, como lo reveló en su momento El Espectador, se probó que la directora del DAS, María del Pilar Hurtado, y su asesora Marta Leal habían redactado un documento sobre lo sucedido en la reunión, no el mismo día del encuentro como correspondía al caso, sino durante las posteriores horas a la publicación del informe en la revista Semana. En otras palabras, cambiaron la fecha de la realización del análisis de la reunión para que resultara exculpatorio para quienes habían participado del extraño encuentro.

Hoy la Procuraduría investiga disciplinariamente por qué incurrieron en ese deliberado error, engañando a las autoridades judiciales. Sin mayores explicaciones sobre la mención de su nombre en tres escándalos sucesivos, las últimas revelaciones de malos manejos en el DAS relacionadas con seguimientos ilegales a los magistrados de la Corte Suprema, volvieron a sacar de su anonimato a Marta Leal. Esta vez porque se supo que buena parte de la información confidencial que la Unidad de Inteligencia y Análisis Financiero del Ministerio de Hacienda le entregó al DAS sobre registros económicos de los magistrados pasaba por su manos. Bien fuera como intermediaria ante la dirección de la institución o porque gozaba de idéntica confianza en el DAS y en la Casa de Nariño.

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Hoy, al margen de las declaraciones del ex subdirector de contrainteligencia del DAS, Jorge Alberto Lagos, o de los señalamientos públicos que se le han venido haciendo al director de la UIAF, Mario Aranguren, el nombre de Marta Inés Leal aparece como una pieza clave en el entramado de lo que estaba sucediendo. ¿Es Marta Leal el eslabón oculto de la historia? Lo único cierto es que era una funcionaria muy cercana a Palacio y que, a través de su ex jefa, María del Pilar Hurtado, más de una vez atendió o compartió instrucciones del alto Gobierno. ¿Hasta dónde llegó su papel? La justicia ya está escuchando sus respuestas.

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