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…el Festival de Venecia

Otro de los directores protagonistas de este año en el cine colombiano confiesa su experiencia de haber cruzado el mapa con sus imágenes.

26 de diciembre de 2009 - 04:00 p. m.
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Creo que este ha sido un año históricamente importante para el cine colombiano. Un año en que tuvimos una variada presencia y un reconocimiento internacional nunca antes visto. Un paso adelante que era necesario, pero que difícilmente ha contrastado con la baja taquilla y el desinterés que estas mismas películas han logrado obtener en el público nacional.

Hacer una película y vivir en primera persona los comentarios, las críticas y las reacciones nacionales e internacionales de lo que llamamos “cine colombiano”, me ha dejado profundas preguntas y enseñanzas sobre cómo los colombianos nos vemos a nosotros mismos desde este complejo país.

Definitivamente hay una preocupación escandalosa y moralista por la buena o la mala imagen de nuestra patria en el interior y hacia el exterior. Parece que la masa quiere que los cineastas trabajemos para la oficina de propaganda y turismo del Gobierno Nacional y cuando hay algo que escapa a este camino, entonces culpa al cine de la estigmatización de Colombia en el exterior. El problema no es la situación trágica del país, las cientos de guerras diarias, los límites absurdos a los que llegamos como asesinos de nosotros mismos. El problema es el cine y, por culpa de cineastas como yo, los colombianos estamos como estamos.

Pienso que si metafóricamente Colombia fuera una familia, sería una que se presentaría como la más feliz del barrio, pero que en su interior está desmembrándose en constantes abusos y escenas de violencia intrafamiliar. Todos se sientan a la mesa sabiendo de las escenas grotescas que ocurren entre sus días, pero si alguien se para a decir algo, a gritar auxilio, inmediatamente es atacado, tildado de oportunista y acusado de no hablar del lujoso carro nuevo que está estacionado en el garaje, del maravilloso jardín sembrado enfrente de la casa, del buen colegio en el que estudian los niños.

Mínimamente deberíamos aceptar que algo extraño nos sucede y nos corroe, ese algo extraño hay que tratar de mirarlo a los ojos y no evitarlo con pobres y manidos argumentos nacionalistas. Va a ser imposible pedirles a los cineastas que se aíslen de su entorno o que hagan ciencia ficción en este país. En vez de sentirse avergonzados porque una película colombiana es seleccionada y vista en distintos países y festivales importantes del mundo, deberíamos sentirnos orgullosos de que por fin, como país, estamos logrando representarnos, pensarnos, dolernos de nosotros mismos y de nuestra frágil humanidad.

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