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El paso entre el amor y la muerte

Los índices de homicidios entre cónyuges han aumentado en los últimos tres años. La mayoría son cometidos con arma blanca. El último caso se presentó el viernes en Cali.

15 de agosto de 2008 - 07:40 p. m.
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Agosto 2008. Bogotá. Barrio Chapinero Alto. Durante varios días Carlos*, de 54 años, escuchó insistentemente las quejas de su hijo de 10 años, quien le contaba perturbado que su mamá estaba actuando de una manera extraña y que abrazaba mucho a la vecina. No prestó atención a estos reproches hasta que una noche llegó del trabajo y encontró a su esposa, de 53 años, en su cama con aquella mujer. La ira y el dolor lo enceguecieron, declaró Carlos en la audiencia del juicio que se adelanta en su contra por haber asesinado a su esposa utilizando un arma blanca.

A 440 kilómetros, en la ciudad de Cali, Sandra Liliana Chanagá, de 25 años, confesó el pasado viernes que le disparó a su esposo por accidente en medio de una acalorada discusión. Hace tan sólo un par de meses esta joven caleña, madre de dos hijos, interpuso una demanda ante la Fiscalía debido al maltrato del que era víctima por parte de su esposo.

Esa noche, Álvaro Grepa se enteró de que debía acudir a una citación la próxima semana y entró en cólera. Sandra asegura que la angustia se apoderó de ella y que sin pensarlo le disparó con una escopeta calibre 12 que él tenía guardada en su clóset, pues temió que la fuera a agredir como de costumbre.

La Costa Atlántica no ha sido ajena a este tipo de situaciones. Todavía se recuerda el controvertido caso de Dolfay Rodríguez, una mujer a la que su esposo, un vigilante de nombre Marlon Baca, le quitó la vida en la ciudad de Barranquilla. Impulsado por el alcohol y a sones de música ranchera, el asesino le disparó a su mujer con el arma que utilizaba en su trabajo. En el hogar había antecedentes de violencia intrafamiliar y el asesinato de Dolfay, cometido en presencia de su hijo de 12 años, ocurrió paradójicamente el Día de la Madre.

En Colombia el año pasado se registraron 183 casos similares y en lo corrido de este año ya se han presentado 64, según cifras de Medicina Legal. Un fenómeno de violencia entre parejas que se ha acentuado en países como España, en donde el año pasado se presentaron 171 homicidios, la mayoría cometidos de manera brutal. Mientras en nuestro país los agresores utilizan, en la mayoría de los casos, armas blancas o de fuego, los españoles se inclinan por métodos efectivos pero mucho más violentos, como las hachas, quemar a la víctima o lanzarla por una ventana.

Así está consignado en un informe que realizó el Centro Reina Sofía para el estudio de la violencia, sobre los crímenes pasionales que se han registrado en lo corrido de 2008. Uno de los más impactantes ocurrió el pasado 7 de febrero en Madrid. Un joven de 20 años se enfureció durante una discusión que sostenía con su novia, con la cual vivía hace varios años, y la empujó por el balcón de su apartamento. Luego fue detenido por la Policía y en este momento está a la espera de que lo condenen por homicidio.

Eufemia Cárdenas, directora Seccional de Fiscalías de Bogotá, explica que generalmente se trata de crímenes pasionales, cuyas motivaciones son los celos o el perder el control durante una fuerte discusión. Sin embargo, se han presentado casos en los que el agresor busca cobrar un seguro de vida y por eso comete el delito. “En Bogotá este tipo de casos se presenta de manera esporádica, claro que en los últimos tres años han aumentado”, advierte Cárdenas. Las localidades más afectadas son las periféricas, Usaquén y Ciudad Bolívar.

En el libro Forensis 2007, en el que se hacen oficiales los registros anuales obtenidos por el Instituto Colombiano de Medicina Legal, se califica este tipo de asesinatos, en los que se sospecha de razones pasionales, con el nombre de  Homicidio impulsivo.

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Dentro del conteo anual del instituto se incluyen datos de crímenes de pareja en los que no solamente se habla de esposos, sino también de amantes, compañeros permanentes y novios. Todos ellos personas cercanas a las víctimas. Los interrogantes asaltan el pensamiento y recuerdan la ya tradicional frase que dice que del amor al odio sólo existe un paso, aunque en esta oportunidad los sentimientos excedan los límites. Por eso desde la sociología se han hecho aproximaciones para explicar todo lo que se teje detrás de este tipo de homicidios.

Al parecer, el cambio de roles entre el hombre y la mujer en los últimos años ha desatado la aparición de emociones encontradas con una cultura tradicionalmente machista. Así que no es de extrañar que dentro de los índices los varones asesinos de sus cónyuges siempre lleven una holgada ventaja sobre las damas que cometen hechos similares.

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Sin embargo, las cifras coinciden en que los estratos bajos llevan la delantera. Según investigaciones sociológicas, valores como el estudio y la educación fortalecen la barrera mental que controla las desbandadas pasionales. El acceso a universidades y comunidades más amplias poco a poco afianzan una conducta mucho más precavida.

Recientes estudios sociológicos realizados en Colombia sobre este fenómeno advierten que las generalizaciones son peligrosas y que los sectores exclusivos de las diferentes ciudades también han sido escenario de muertes causadas por celos y desilusiones amorosas.

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Histórica reforma

Desde 1890 y durante más de 90 años el Código Penal contaba con una figura denominada Legítima Defensa del Honor, mediante la cual se exoneraba al hombre por asesinar a su esposa si ésta le era infiel. Un recurso polémico que fue reformado luego de la batalla que libraron las mujeres por la igualdad de género y el restablecimiento de sus derechos, aunque hoy en día sigue vigente para casos en los que se comprometa la reputación o el respeto por los derechos fundamentales de una persona.

Actualmente existe otra figura que también ha generado controversia. Se trata de la motivación de ira e intenso dolor, un argumento que puede usar el abogado del agresor para que la condena se rebaje significativamente. Pero no es utilizado frecuentemente, porque se considera demasiado complaciente. De hecho, este no es el único mecanismo que existe en Colombia para lograr reducir considerablemente los años de prisión. Si el hombre o la mujer confiesa el asesinato, la pena ya no será de 25 a 40 años de cárcel, sino que puede llegar a ser de diez años o menos.

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El grupo de investigadores que trabajan en la Unidad de Vida de la Fiscalía explican que cerca del 70% de los casos de crímenes pasionales que se registran, por lo menos en Bogotá, son ejecutados por el esposo. La razón es que normalmente la mujer toma un arma como símbolo de protección, pero rara vez con la intención de usarla. Así lo explicó Rubén Darío Garzón, trabajador social y perito forense de violencia intrafamiliar del Instituto de Medicinal Legal de Cali, después de conocer el pasado viernes el caso de Sandra Liliana Chanagá.

De acuerdo con este funcionario, autor del libro Violencia conyugal en Cali, en las parejas con problemas de violencia intrafamiliar se da un ciclo repetitivo de “calma, tensión, golpes, arrepentimiento y luna de miel”, que generalmente se detiene mediante mecanismos como el suicidio, la separación o el homicidio.

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Lo cierto es que en nuestro país este delito no sólo ha crecido en los últimos tres años, sino que el sistema de rebaja de penas hace que las condenas de los criminales resulten irrisorias. Y como si fuera poco, en algunas ciudades del país, como Pereira, las amas de casa y madres cabeza de familia se han convertido en las víctimas de la ira de sus esposos o ex compañeros sentimentales.

La situación de la capital de Risaralda es tan compleja que decenas de mujeres, integrantes de la ONG Ruta Pacífica iniciaron en junio una protesta que durará hasta la celebración del Día Internacional de la Mujer, que se llevará a cabo en noviembre. Sonia Pachón, presidenta de esta organización, aseguró que es necesario que la sociedad colombiana se concientice de este alarmante fenómeno que cada día cobra decenas de vidas inocentes en Colombia y el resto del mundo.

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