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‘El profe’ recibe a sus exalumnos

Hace más de siete años que Alan Jara, hoy gobernador del Meta, les dio clases de inglés y ruso en cautiverio a quienes esta semana serían liberados. Ahora les dará la bienvenida a la libertad.

02 de abril de 2012 - 11:16 a. m.
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Sólo fue años después, tras horas y horas de obligada convivencia y diálogos con el susurro de la selva de fondo, que Alan Jara aprendió que Duarte, era el más inventivo del grupo, que el papá de Forero era un vigilante conocido en Villavicencio, que el peor contador de chistes malos era Beltrán, y que Trujillo era “campeón mundial” en comer arroz.

Sin embargo, al que primero conoció fue a José Libardo Forero. El 26 de julio del 2001, cuando Jara llevaba 11 días de secuestrado, el sargento Forero acababa de completar dos años en poder de las Farc. A los dos les correspondió ese día, por turno, limpiar las jaulas y repartir la comida, que fue la primera tarea en el campamento de la zona de distensión en la que la guerrilla mantenía a 28 de personas secuestradas.

Jara —secuestrado el 15 de julio de 2001 y liberado en febrero de 2009— recuerda que, al empezar el cautiverio, con quienes más empatía tuvo fue con los que eran del Meta, debido a que conocía a familiares de algunos de ellos y habían estado en contacto por cuestiones laborales o políticas. Al final terminó siendo muy amigo de los 28 uniformados.

“El papá de José Libardo era celador del edificio donde vivía mi suegra. Carlos José Duarte es de Cabuyaro y su papá era concejal del municipio. Además, amigo mío de política”, dijo Jara a El Espectador.

“Al día siguiente de estar allí organizamos lo que llamaríamos ‘la escuelita en la selva’. Tomamos tan en serio estas clases que en algún momento nos sentíamos libres, pero recuerdo que cuando les dejaba tareas no podíamos decir homework (tarea en casa, en inglés) y nos tocó cambiar la palabra y llamarla ‘cagework’, que es algo así como ‘trabajo de jaula’.

Esto generó mucha empatía con todos ellos. Después llegaron unos políticos, pero la única que se integró a las clases fue Consuelo Gonzales de Perdomo. Más adelante comencé a dar clases de ruso, ampliamos matemáticas, una cátedra de la segunda Guerra Mundial, allí estuvimos hasta que se rompió la zona de distensión en el 2002”, contó.

En octubre de 2004 los separaron por grupos de diez y los mandaron a diferentes campamentos. Esa fue la última vez que Jara vio a sus compañeros que se tiene previsto serán liberados hoy y el miércoles respectivamente.

Alan Jara Urzola, designado alcalde de Villavicencio en 1987 y tres veces gobernador del Meta (la primera de ellas en 1990), hizo un recuento de cada uno de los uniformados que regresan a la libertad esta semana, con los cuales permaneció tres años y medio de los siete y medio que estuvo en cautiverio:

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Carlos José Duarte, sargento de la policía, era el más creativo de todos, de un cepillo de diente armaba cualquier cosa, tejía chinchorro y manillas, desarmaba radios, hizo un trompo. No iba a ninguna clase pero escuchaba allí al lado, y si alguien se equivocaba decía: “tres años y no hemos podido con el verbo To be”.

“El sargento segundo José Libardo Forero, trataba de ser creativo pero no podía, no tenía habilidad para hacer cosas; pero era muy religioso, se leía la biblia y además predicaba la palabra entre los secuestrados”.

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“El sargento del Ejército Luis Arturo Arcia, es muy hincha del Santafé y era el que más ollas lavaba, porque perdía las apuestas con el Coronel Donato sobre los partidos entre Millonarios-Santa fe, tenía una voz muy fuerte y cuando se escuchaban los aviones el gritaba duro “el avión”, está era la alarma para salir corriendo y escondernos y no dejar nada para que nos vieran”.

El sargento de la Policía César Augusto Lasso era el mejor compañero de todos, era muy solidario y creativo también, le regaló una biblia, mitad en inglés y mitad en español, al norteamericano Marc Monsalve, al cual vio una vez.

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El subintendente de la Policía Wilson Rojas era el encargado de cargar las cosas pesadas porque era muy fornido y tenía una gran fuerza. Cuando había inundaciones y tocaba hacer zanjas, él era quien las hacía con un palin y con la cadena al cuello.

El intendente de la policía Jorge Trujillo Solarte, era muy juicioso en las clases de inglés, campeón mundial en comer arroz, no hay quien le gane. Muy generoso, le regaló a la congresista Consuelo Gonzalez de Perdomo un radio. Regalarle un radio allá era como regalar la casa, el carro y todo, porque a través de él podíamos estar enterados de las noticias.

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Jorge Humberto Romero Moreno, intendente de la Policía, es fanático de la salsa: la guerrilla entregaba un cuaderno cada seis meses y él lo llenaba con títulos de canciones de salsa, y decía que cuando estuviera en libertad iba a montar una emisora de salsa.

El sargento del Ejército Luis Alfonso Beltrán, hincha de Millonarios, era otro que lavaba ollas y tenía un humor que nadie entendía. Siempre estaba echando chistes ‘pendejos’.

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El sargento de la policía Robinson Salcedo Guarín, era el mechudo del grupo, el cabello le llegaba hasta la cintura y decía que no se lo iba a cortar cuando saliera en libertad, era el peluquero de todos. Se inventaba unos cuentos y todos decían que estaba loco y él contestaba locos están los que me creen.

Luis Alfredo Moreno Chagüeza, sargento de la policía, era el pintor y dibujante, le hacía dibujos a la familia para enviárselos. Hacía bordados con los hilos de las medias en las camisas y camisetas.

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Alan Jara manifiesta que cuando los reciba, se cerrara el círculo definitivamente, ya habrá tranquilidad, porque eso significa que ya no queda nadie sufriendo en la selva este cautiverio inhumano como es el secuestro.

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