Alberto de Mónaco, uno de los solteros más codiciados de la realeza europea, acaba de anunciar, a sus 52 años, su compromiso con la bella sudafricana Charlene Wittstock, de 32. Sería el primer matrimonio de un príncipe desde que la actriz de Hollywood y aún ícono mundial, Grace Kelly, se casara con el padre de Alberto, el Príncipe Rainiero III en 1956.
Desde hace 30 años el pueblo monegasco espera otra princesa, otra primera dama que llene de glamour y fantasía el trono real. Está claro que Charlene, a pesar de su porte y elegancia y su ligero parecido con Grace Kelly, nunca reemplazará su presencia, pero sí le dará nuevos vientos a un principado que fue marcado por la tragedia (Kelly murió en un accidente automovilístico en 1982) y por los múltiples escándalos por los que han pasado Carolina, Estefanía y el propio Alberto.
El príncipe reconoció en el 2005 que tenía dos hijos nacidos de relaciones esporádicas. Alexandre Eric Stéphane, nacido el 24 de agosto de 2003 en París, fue el fruto de una relación con una azafata, y Jazmin Grace Rotolo, nacida en 1992, hija una mujer de California. Ninguno de ellos tiene derechos sucesorios, al haber nacido fuera de un matrimonio católico.
Aún no se sabe la fecha exacta de la boda, pero en una entrevista publicada por el diario Nice Matin, el príncipe aclaró que se celebrará durante el verano del año próximo.
Según la constitución monegasca, Wittstock, de confesión protestante, no puede acceder al trono sin una conversión al catolicismo. Hasta el momento, la prometida ha respetado escrupulosamente las reglas protocolarias que le impedían asistir a la fiesta nacional de Mónaco y a la ceremonia de la Santa Devota, patrona del Principado, al no formar oficialmente parte de la familia del soberano. Sin embargo, siempre que ha podido, ha acompañado al príncipe en numerosos actos oficiales, tanto en Mónaco como en el exterior, como la reciente boda de la princesa Victoria de Suecia.
El anuncio no ha sido del todo una sorpresa, pues, el pasado mes de mayo, Wittstock fue la portada de la revista francesa especializada en asuntos reales, Point de Vue, lo que representó un pronóstico del enlace, al ponerla como la primera dama de Mónaco.
El vestido de baño le tocó colgarlo debido a una herida en el hombro, y deberá cambiarlo por coronas y trajes largos para todo lo que se le avecina. Se dice que estos cuatro años de noviazgo han sido de preparación y entrenamiento para afrontar una vida de protocolo y de paparazzis.
Según la agencia EFE, Alberto de Mónaco le pidió la bendición al padre de la novia, Michael Wittstock, el martes pasado, por medio de una llamada hecha minutos antes de que comenzara el último partido de la selección sudafricana del Mundial de Fútbol 2010. “Me llamó por teléfono para que le diera la bendición y poder ponerle el anillo en el dedo”, confesó Wittstock, quien, en broma, agregó: “Me llamó justo antes del saque inicial y yo quería que acabara, para poder ver el partido”.
La población monegasca, quien ya ha acogido a la futura princesa con benevolencia, está feliz y expectante con el anuncio.