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«El tiempo no es como un río»

Cuando no está en su laboratorio estudiando problemas de la conciencia, David Eagleman escribe algún libro que, por lo general, se cuela en los primeros lugares en ventas.

19 de enero de 2011 - 05:00 p. m.
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David Eagleman es un anfibio que se desplaza con igual destreza entre las aguas de la ciencia y la literatura. Estudió letras en Rice University en Houston, pero al no encontrar todas las respuestas que buscaba en las páginas de escritores y filósofos, se fue a nadar a las neurociencias. Hizo un doctorado en Baylor College, luego pasó cinco años en el famoso Salk Institute en San Diego, antes de hacerse cargo de un laboratorio en el Baylor College of Medicine en Texas.

Con un presupuesto anual cercano al medio millón de dólares y 16 colaboradores, Eagleman intenta averiguar cómo la mente teje el tiempo. Cuenta que cuando era niño se cayó del techo de la casa en que vivía con sus padres, un psiquiatra que hablaba ocho idiomas y una madre dedicada a la biología, ambos lectores incansables, y desde entonces quiso saber por qué en esos instantes de miedo y peligro sentimos que el mundo corre en cámara lenta.

También se ha interesado por entender las sinestesias, ese extraño fenómeno de la percepción que lleva a algunas personas a percibir olores en los sonidos, formas en los olores, texturas en los sonidos. Cree que es una de las pistas que conducen al secreto de la conciencia.

Su interés se extiende hasta el derecho y las leyes, porque según él es hora de comenzar a ajustar los códigos penales y los procesos de rehabilitación de los criminales a los avances en neurociencias.

Tras la publicación de Sum, un libro en el que Eagleman jugó a imaginar diversas posibilidades en torno a qué pasa después de que morimos, y que fue elegido como uno de los mejores en 2009, se convirtió en el profeta  inesperado de los  “possibilian”. En alguna entrevista definió a este grupo de personas como aquellas que celebran la vastedad de nuestra ignorancia, que no están dispuestas a creer una historia en particular y encuentran placer en jugar con múltiples hipótesis.

¿Se considera un escritor que hace ciencia o un científico que escribe?

Ninguna de las dos. Me considero un ser humano tratando de entender lo que sucede a mi alrededor y hay dos diferentes canales por los que puedo hacer esto.

¿De qué se trata su charla en el Hay Festival?

Creo que voy a dar dos charlas. Una es sobre mi libro Sum, que es ficción. Y la otra es sobre mi libro Why the net matters: How the internet will save civilization (Por qué es importante la red: Cómo internet va a salvar la civilización).

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Una de sus líneas de investigación es la percepción del tiempo…

Es común que la gente cuando está muy asustada, en situaciones cercanas a la muerte, perciba todo más despacio, como si el tiempo se moviera más despacio. Eso me pasó cuando caí del techo. Y cuando crecí quise explorar y entender ese fenómeno.

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¿La ciencia ya tiene una respuesta para explicar cómo percibimos el tiempo?

No tenemos una buena explicación, Eso es parte de lo que hecho en los últimos 10 años: tratar de entender qué sucede con el tiempo en el cerebro. Mi laboratorio es uno de los tres o cuatro en el mundo que estudian el tiempo. Es un área difícil. Hay misterios muy profundos. Pero lo que he podido concluir es que el tiempo no es algo que la mente atrapa, es algo que la mente está activamente construyendo.

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Usted dijo en alguna ocasión que “las épocas en que pensamos que el tiempo era como un río terminaron”. ¿A qué se refiere?

La forma en que la gente y los científicos han pensado en el tiempo es como un río fluyendo. Pero podemos de manera muy sencilla en el laboratorio crear ilusiones del tiempo. Puedo hacer pensar a alguien que algo dura más o menos de lo que realmente dura. O puedo hacer creer que algo sucedió antes de otra cosa. Todo esto indica que el tiempo no es lo que pensamos. No es un río pasando frente a nosotros. De alguna manera nuestras mentes están involucradas en la fabricación del tiempo.

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¿Quiere todo esto decir que al menos desde un punto de vista teórico podríamos llegar a percibir el tiempo en cámara lenta como los personajes de la película ‘Matrix’?

No parece que sea posible. Es un asunto relacionado con la memoria más que con el flujo del tiempo. Cuando estás asustado por tu vida, lo que sucede es que tu mente escribe más memorias, y como resultado cuando miras hacia atrás al evento, tienes la impresión de que pasó mucho tiempo.

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Encuentro muy poético su trabajo científico. Además del tiempo, su interés por sinestesia. ¿Cuál es el sentido de estudiarlas?

Es un buen camino a la conciencia. Uno de los grandes misterios de las neurociencias es cómo todas las piezas del cerebro trabajan juntas para producir una experiencia subjetiva que llamamos conciencia. Sinestesia es una forma interesante para llegar a ese problema, porque un pequeño cambio genético se traduce en una percepción diferente de la realidad. La conciencia es distinta debido a estos pequeños cambios. Por eso es importante estudiarla.

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¿Recuerda alguna sinestesia en especial de alguno de los pacientes con los que habla?

Por ejemplo, una música que conozco tiene unas sinestesias muy fuertes. Cuando ella escucha notas de los instrumentos, experimenta colores, formas y texturas. Y siente que su cuerpo se mueve en diferentes formas. Cuando cambia el sonido de una tecla a otra, ella siente que está moviéndose.

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¿De qué forma la habilidad de sentir sinestesias influye en la creación artística?

No lo sabemos. Hay una creencia de que la gente con sinestesias es más proclive a ser artista. Pero no sabemos si es cierto. Presumiblemente porque los sinestésicos interpretan el mundo de manera diferente, deberían tener algo interesante que decir como resultado. Pero eso no garantiza que digan algo más interesante que cualquier persona.

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A propósito de su trabajo en “neuroleyes”, ¿cree que estamos en camino a un mundo en que los neurocientíficos serán los jueces?

No creo que sean los jueces en términos de decidir la inocencia o culpabilidad, pero sí pueden contribuir a entender qué hacer con el criminal. En otras palabras, no ayudar en la parte del juicio, sino en la sentencia. El hecho es que hay muchas cosas interesantes por intentar antes de pensar en la cárcel. Podemos contribuir con nuevos métodos para rehabilitar.

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¿Cuando habla de rehabilitación a qué tipo de terapias se refiere?

Por ejemplo, con mis colegas estamos desarrollando algo que llamamos “el gimnasio prefrontal” y se trata de mejorar la capacidad en la toma de decisiones. No se trata de cambiar a la persona, sino la forma en que toma decisiones.

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¿Quiénes son sus autores favoritos en literatura?

Mis autores favoritos son los suramericanos: García Márquez y Jorge Luis Borges. Me inspiraron mucho.

¿Cómo alimenta la ciencia su trabajo literario?

Sum no es un libro sobre ciencia, pero la gente puede adivinar que soy científico, porque hay algo en el libro que es científico.

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