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El vigilante de la basura

Durante su primera semana en funcionamiento, el satélite lanzado por EE.UU. ha detectado 20.000 pedazos de chatarra.

15 de julio de 2010 - 12:10 a. m.
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A 627 kilómetros de la Tierra orbita, desde el pasado jueves, un satélite de más de 500 millones de dólares fabricado exclusivamente para detectar y monitorear restos de explosiones, fragmentos de viejos satélites o componentes de cohetes que desde hace años flotan en el espacio.

El objetivo del Space Based Space Survelliance (SBSS) es vigilar el desplazamiento de estos objetos considerados basura para evitar que alguna nave espacial o satélite choque con ellos e, incluso, la posibilidad de que uno de estos pedazos impacte la Estación Espacial Internacional y genere un daño irreparable.

La Fuerza Aérea de los Estados Unidos es la responsable del buen funcionamiento de este satélite que fue lanzado en un cohete que despegó de la base de Vandenberg, en California. Sin embargo, el Departamento de Defensa al igual que la Nasa también estarán al tanto de los hallazgos del satélite, con el fin de calcular con mayor precisión en qué casos existe riesgo de que se produzca una coalición.

Los directivos de la empresa Boeing, la mayor contratista del proyecto, aseguraron que este satélite es el primero de su género en ser diseñado para una misión como esta. En el comunicado que expidieron a la opinión pública también advirtieron que con él se va a dar inicio “a toda una constelación de nuevos satélites destinados a localizar y seguir objetos potencialmente peligrosos en el espacio”.

Todd Citron, director de sistemas avanzados del espacio e inteligencia para Boeing, no ahorró calificativos para la más reciente inversión realizada por su compañía: “Realmente este satélite tiene una capacidad tremenda y esperamos que produzca importantes resultados que favorezcan la seguridad fuera de la Tierra”.

Aunque se trata de un artefacto bastante costoso, se tomó la decisión de construirlo y lanzarlo al espacio debido a que los satélites que ya existían para monitorear la basura sólo eran efectivos durante las noches claras (las menos frecuentes a lo largo del año) y no tenían la capacidad para detectar objetos muy pequeños, únicamente los que medían hasta diez centímetros de largo.

Además, la red de radares y telescopios que desde la Tierra cumplían esa misión tampoco lograban identificar todos los desechos espaciales. En cambio, el SBSS está equipado con una potente cámara montada sobre un eje móvil de tal forma que pueda moverse en cualquier dirección sin necesidad de gastar combustible. Todos los datos e imágenes que ha recogido durante su primera semana en órbita han sido enviados a la base Schriever, en Colorado.

En este lugar, desde el pasado jueves, un grupo de investigadores están atentos para reportar en cualquier momento si alguno de los 20.000 pedazos de chatarra que hasta el momento han sido detectados pueden convertirse en una amenaza.

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