La palabra “patriarca” viene del griego y significa ‘el padre manda’. Y el vocablo “machista” derivado de “macho”, representa el conjunto de actitudes y prácticas sexistas, vejatorias y ofensivas propias de una cultura por la que las mujeres resultan discriminadas, sometidas, explotadas y denigradas. Este duro diagnóstico forma parte del estudio Violencias contra las mujeres, que pone el dedo en la llaga sobre un escenario de nunca acabar y que en Colombia está lejos de ser erradicado.
Con el apoyo del Consejo Mundial de Iglesias, la Misión Urbana y Rural y la Organización Cepalc, el trabajo fue realizado por dos curtidos periodistas que desde hace varios lustros se dedican a enseñarles a las comunidades marginadas cómo proyectar sus inquietudes en un contexto de comunicación contemporánea, en contravía de los equivocados imaginarios sociales que, en su criterio, construyen día a día los grandes medios.
Amparo Beltrán Acosta es la gestora del proyecto. Comunicadora social con estudios en Canadá y Roma y también formada en teología, desde los años 70 ha venido laborando con grupos de base en formación periodística, y junto con su compañero, Félix Posada, desde hace varios años coordina la revista Encuentro, en la que promueve debates sobre dilemas sociales, entre ellos la equidad de género.
A su vez, Yesid Fernández es también comunicador social y desde hace 15 años trabaja asesorando a radios comunitarias y canales locales, animando la controversia por un país más incluyente y justo. Precisamente, producto de sus trabajos, en el informe Violencias contra las mujeres, aporta un ensayo titulado “El discreto encanto de la desinformación”, en el que demuestra cómo los medios ocultan a las mujeres reales de la sociedad.
El estudio entrega inicialmente un análisis sobre cómo se originó y se ha desarrollado en el mundo la cultura patriarcal y machista, en la cual las mujeres muchas veces se han visto reducidas al plano doméstico. Un drama con raíces económicas, educativas, políticas y religiosas, que han desbordado en una violencia sistemática contra la mujer expresada en ámbitos psicológicos, físicos, laborales, jurídicos y, por supuesto, mediáticos.
Se trata de un diagnóstico que se refrenda en el testimonio. Por eso, en lo que la autora denomina “una crónica de los dolores, de las exclusiones y de las soledades que sufren las mujeres en nuestra sociedad”, el trabajo recoge más de 20 desgarradores relatos de mujeres comunes que han sobrevivido a la cultura patriarcal y machista. Testimonios de mujeres que rompen su silencio para contar cómo han desplegado sus vidas en ambientes de atraso, pobreza y abierta discriminación.
Colombianas de los resguardos indígenas emberá; del municipio de Belén de los Andaquíes, en Caquetá; de las corrientes de desplazados de López de Micay, en Cauca; de Mariquita, Sogamoso y hasta de zonas marginales en la capital de la República. Voces de mujeres que demuestran cómo en muchas partes del país desafortunadamente se cumple a cabalidad aquella odiosa frase que dice que los caballeros las prefieren sordas, mudas y ciegas.
Sin embargo, el estudio no se limita a ofrecer una visión pesimista de la mujer colombiana. Por el contrario, frente a la realidad, se plantea una nueva simbología, un discurso alterno, una visión social que hoy le está permitiendo a la sociedad asumir un nuevo esquema donde la educación, la creación intelectual, la actividad política o la gestión de los medios de información sean producto de una visión de género con equidad.