El 17 de mayo de 2010 quedará grabado para siempre en la memoria de los deportistas Nelson Cardona y Rafael Ávila. A las 11:15 de la mañana, hora de Nepal, conquistaron la cima del monte más alto del mundo. Ni los fuertes y helados vientos que azotaban el Everest ni el cansancio por la travesía lograron vencer el espíritu aguerrido de estos dos montañistas, quienes después de varios meses de un exigente entrenamiento lograron hacer realidad su anhelo de enterrar la bandera colombiana a 8.848 metros de altura.
Marcelo Arbeláez, uno de los integrantes de la Expedición Epopeya Everest sin Límites 2010, de la que forman parte Ávila y Cardona, contó emocionado que ya se había comunicado con sus colegas, quienes le confirmaron que estarían llegando al campamento base pasado mañana. Y confesó que aunque Cardona se había propuesto llegar a la cima sin oxígeno, no pudo hacerlo debido a las condiciones climáticas. “Juan Pablo Ruiz, jefe de la expedición, se lo impidió para proteger su vida”, dijo Arbeláez.
Un equipo integrado por 21 colombianos fue el responsable de que Ávila y Cardona cumplieran su objetivo y obtuvieran un doble triunfo, ya que además de lo que significa conquistar el pico más alto de este emblemático monte, Cardona se convirtió en el primer deportista discapacitado del país en alcanzar este logro.
Durante sus 48 años de vida, este manizaleño ha tenido que sortear todo tipo de pruebas. La primera comenzó cuando tenía 12 años y decidió irse de casa, sin avisarle a su familia, rumbo a la costa para cumplir su sueño de conocer el mar. Luego de vivir un tiempo en la Sierra Nevada de Santa Marta se fue a los Llanos Orientales y posteriormente viajó hasta las selvas del Amazonas, en donde trabajó cargando camiones.
Finalmente, el destino lo llevó hacia lo que se convertiría en el centro de su vida: el montañismo. Durante años entrenó fuertemente con la ayuda de su padre y el 18 de enero de 1992 rompió la marca nacional al recorrer Termales El Rancho en Ibagué, pasar por el Nevado del Tolima, Laguna del Encanto, Paramillo del Quindío, Laguna La Leona, Laguna del Otún, Nevado Santa Isabel, Cisne y el Nevado del Ruiz en tan sólo 18 horas y un minuto. Nueve años más tarde batiría su propio récord al realizar este mismo recorrido en 16 horas.
Sin embargo, la felicidad por estas conquistas se desvaneció con la muerte de su padre. El dolor de su partida era tan profundo, que Cardona decidió internarse en el Nevado del Ruiz durante 22 años. Y fue en este mágico lugar en donde nuevamente el destino se encargó de enfilar su rumbo para que no se desviara de aquello que tanta satisfacción le causaba: escalar.
Juan Pablo Ruiz y Marcelo Arbeláez, sus hoy compañeros de expedición, fueron a entrenar a estas montañas antes de partir rumbo al Éverest y los tres se hicieron muy buenos amigos. En 1997 partieron juntos a cumplir su sueño, pero una avalancha casi acaba con la vida de Cardona.
Diez años más tarde, mientras escalaba una roca como parte de su preparación para volver a aquella montaña que tanto lo obsesionaba, Cardona sufrió un accidente y perdió su pierna derecha. Pero el amor por la vida y el montañismo, sumado a su coraje y valentía, le permitieron seguir adelante.
“No son las caídas lo que hace fracasar a un hombre, sino la incapacidad para levantarse y continuar”. Estas eran las palabras que Cardona se repetía a diario para no desfallecer ante la tragedia que le había tocado vivir. Y lo logró. Ayer cumplió su meta de subir a la cima del monte más alto del mundo, llenando de orgullo y satisfacción a sus colegas, familiares y amigos. A las 11:15 de la mañana, del lunes 17 de mayo, Cardona demostró que estaba en lo cierto cuando afirmaba que “la discapacidad no es física sino mental”.