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Encuentro en la Casa Blanca

El mandatario se reunió con la junta editorial del periódico ‘The Washington Post’ y defendió al comandante del Ejército, general Mario Montoya, después de que un artículo denunciara presuntos nexos del oficial con paramilitares.

19 de septiembre de 2008 - 08:14 p. m.
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Una de las tareas más difíciles que ha tenido la Embajadora de Colombia en Washington, Carolina Barco, ha sido explicar en el Congreso de Estados Unidos el tema de la parapolítica. Cada vez que un político es vinculado con estos grupos ilegales, es ella la que tiene que dar la cara ante senadores y representantes estadounidenses.

Esta vez la titánica misión la asumió el propio presidente Álvaro Uribe, quien fue recibido con un artículo publicado por The Washington Post que denunciaba los presuntos nexos del comandante del Ejército colombiano, Mario Montoya, con grupos paramilitares. Las revelaciones no ayudan en la campaña a favor de la ratificación del Tratado de Libre Comercio, objetivo primario del viaje presidencial.

Por eso Uribe se reunió con la junta editorial del diario, a la que entregó una carta desvirtuando el artículo. La comunicación, firmada por el fiscal general Mario Iguarán, precisó que “por el momento no existe investigación formal, ni imputación, ni acusación alguna contra Montoya”.

“El general Montoya tuvo que desvincular del Ejército a una persona hace años que dio un testimonio que no corresponde con la realidad”, declaró Uribe. El artículo del Post citaba fuentes anónimas de la Fiscalía colombiana, que indicaron que sí existía una investigación preliminar y que, de comprobarse las acusaciones, se presentarán cargos.

Antes de esta cita, Uribe se presentó en el Brookings Institution  y defendió los logros de su política de seguridad democrática, que, según él, han permitido que en Colombia se haya perdido el temor. El jefe de Estado se negó a hablar sobre la conversación privada que sostuvo con el candidato presidencial demócrata Barack Obama, al asegurar que sería una “imperdonable imprudencia” durante una etapa crítica del proceso electoral de Estados Unidos”. Sin embargo, según la agencia Efe, lo que el candidato le expresó a Uribe fue su deseo de profundizar y fortalecer las relaciones bilaterales. Dice la información que Obama le dijo a Uribe “que continúa oponiéndose al TLC por la situación en torno a los asesinatos de líderes sindicalistas”.

Esta posición opaca la gira del mandatario, pues según analistas, dejar morir el TLC sería muy malo políticamente para Uribe. “La idea de la visita no es una reunión más con el mandatario saliente. Si Uribe está acá es para conciliar con los frentes políticos que le son adversos”, aseguró Shiry Howard, analista política en Washington.

Coincide Cynthia Arnson, directora del Programa Latinoamericano del Centro Internacional de Académicos Woodrow Wilson en Washington, quien explicó que: “Es claro que para enero va a haber un cambio en la Presidencia, por lo cual Uribe

probablemente va a visitar a otros políticos y personajes en Washington, que van a tener más peso después de Bush. La aprobación que busca Uribe es casi imposible que se dé antes de las elecciones”.

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El TLC se convirtió en un juego electoral entre republicanos y demócratas. Pero a pesar de las protestas en contra del Acuerdo de ayer en Washington, hay todavía una pequeña esperanza. “Durante el período de transición conocido como el del lame-duck que dura desde noviembre hasta la posesión del nuevo presidente, hay una ventana de oportunidad, particularmente si gana el senador Obama. En este período ya se sabrá quién es el presidente electo y el peso político del TLC no tendría incidencia alguna en las elecciones”, agregó Arnson.

El día de hoy el mandatario colombiano se reunirá dos veces con el presidente Bush. Según la agenda, el primer encuentro será en horas de la mañana y en él los dos presidentes se centrarán en la posible aprobación del Tratado de Libre Comercio antes de fin de año y la lucha contra el terrorismo y las drogas. En la noche, Uribe regresará a la Casa Blanca para una cena más informal. “Uribe es mi amigo, es mi socio”, aseguró Bush antes del encuentro con su homólogo colombiano.

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Reunión con los tres liberados

Uno de los momentos más importantes de la gira del presidente Álvaro Uribe fue su encuentro con Keith Stansell, Marc Gonsalves y Tomas Howes, los tres contratistas norteamericanos que permanecieron secuestrados por las Farc casi seis años. Después de ser liberados en la ‘Operación Jaque’, el pasado 2 de julio, el gobierno estadounidense inmediatamente los sacó del país y los tuvo en total hermetismo en el Brooke Army Medical Center de San Antonio, Texas. Allí fueron sometidos a exámenes médicos y psicológicos durante varios días.

Ellos han sido los civiles de Estados Unidos que más tiempo permanecieron secuestrados. Su libertad  se convirtió en el símbolo de una Colombia que está entregando los resultados que tanto pide el Congreso, de mayoría demócrata, para empujar la aprobación del TLC pero, sobre todo, para continuar la ayuda del Plan Colombia.

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Por eso el encuentro de ayer en la casa de la Embajada en Washington, con presencia de familiares y una nutrida comitiva colombiana, fue tan o más trascendental que el encuentro con Bush.

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