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Entre el narcotráfico y la esperanza

La Legua está dominada por los traficantes. Sus habitantes están decididos a recuperar los espacios que les arrebató la violencia.

30 de abril de 2012 - 10:38 p. m.
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Corría el año 1947 cuando un grupo de trabajadores que emigraron desde las salitreras del norte del país protagonizaron la toma de un terreno en la zona sur de Santiago. El lugar, que fue bautizado como “La Legua” por encontrarse a “una legua” del centro de la capital, fue levantando sus casas y calles gracias al tesón de sus primeros pobladores, quienes con el pasar del tiempo la convertirían en una de las poblaciones obreras emblemáticas de la Región Metropolitana.

Sin embargo, a fines de la década de los años 80 la vida para los habitantes de este lugar daría un vuelco inesperado cuando en el sector de “La Legua de Emergencia” empezó a irrumpir la pasta base. Fue así que a principios de los años 90 se fueron instalando las primeras bandas de narcotraficantes y, con ellos, las armas y la violencia.

Hoy, casi 70 años luego de su fundación, la mayoría de los pobladores de La Legua viven inmersos en el temor. El tráfico de drogas en sus calles es pan de cada día, mientras que los enfrentamientos entre bandas rivales generalmente desembocan en balaceras que en más de una ocasión han dejado heridos o muertos. “El año pasado los enfrentamientos eran casi todos los días. La gente tenía mucho temor e incluso tenían que llamar a sus casas antes de volver del trabajo, para ver si se podía entrar a la población”, dice Ángel Custodio, quien ha vivido toda su vida en este barrio.

Al miedo constante que viven los pobladores, se suman una serie de factores como la presencia de personas consumiendo drogas en los andenes y la vigilancia continua de la policía en distintas esquinas del barrio, lo que hace sentir a sus habitantes como verdaderos prisioneros. “Muchas veces sucede que los carabineros (policía) te piden el carnet (D.N.I.), te revisan y te tratan como un delincuente por el solo hecho de vivir aquí”, señala con molestia C.M., de 25 años, quien prefiere no dar su nombre.

Esta lucha que tienen que librar a diario los habitantes de La Legua con el reinado de la droga responde a una serie de problemáticas sociales: bajos sueldos, falta de oportunidades y el hacinamiento. “Los narcos son muy inteligentes, han sabido utilizar factores como la pobreza y la miseria para involucrar a la gente”, especifica el sacerdote de la parroquia local, Gerardo Ouisse.

Pero a pesar de la adversidad, los pobladores están lejos de ser pasivos. En el barrio, las juntas de vecinos, el centro comunitario y la iglesia trabajan continuamente promoviendo actividades culturales y educativas que permitan rescatar el espíritu que permitió la fundación de La Legua.

De hecho, luego de que el gobierno anunciara que implementaría una estrategia para recuperar el sector, los diferentes actores sociales exigieron ser partícipes de la iniciativa, proponiendo programas sociales y de intervención urbana que fueran más allá de la mayor dotación de resguardo policial. “La Legua no es una favela. Y por eso dijimos que no queríamos que vinieran los militares con la represión (…) por ello insistimos en que se debía hacer un proyecto social a largo plazo que representara las reales necesidades de los habitantes, quienes tienen el derecho de vivir en paz”, sentencia Ouisse.

 

* María José Jarpa
tany23@hotmail.com

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