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Entre la incredulidad y el optimismo

Análisis del exsecuestrado Alan Jara sobre el comunicado de las Farc.

26 de febrero de 2012 - 09:14 p. m.
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Nada en el mundo puede justificar un secuestro. Sin embargo, en Colombia parecemos habernos acostumbrado a este terrible delito y no alcanzamos a dimensionar el drama que vive cada secuestrado y el dolor de la incertidumbre que padece su familia.

El haber sufrido un secuestro por tan largo tiempo, 2.760 noches, hace que conozca no sólo el horror de unas cadenas alrededor de tu cuello o la inminencia de la muerte, sino también el milagro de la vida y lo espectacular que es estar libre.

El regreso a la vida de 10 héroes de la patria es una gran noticia, como lo es toda noticia de libertad. Pero si adicionalmente ésta va acompañada de una decisión de no más secuestros es algo que nos es difícil, incluso, de concebir. A lo mejor por eso tal vez el principal sentimiento hoy es de incredulidad, pero siempre me he declarado optimista obligado y hoy me reitero. Me sumo a ese deseo de cada colombiano. Es una gran noticia que el sueño de una Colombia libre de secuestro es posible.

En cuanto al drama de los desaparecidos no alcanzamos a entender qué tan grande es éste. Lo digo por la suerte que puedan haber corrido Luis Peña, Héctor Velásquez y un patrullero plagiado en la toma de Puerto Rico, llamado Édgar Murcia, que sabemos que se escapó, pero de cuyo paradero no volvimos a saber. Ojalá en esta coyuntura todas sus familias tengan una noticia de ellos. Es un clamor.

El comunicado de las Farc habla del fin del secuestro extorsivo, si llegamos a eso será un gran paso, pero la pregunta siguiente es ¿qué pasaría con el secuestro político? Aunque para responder ese cuestionamiento hay que tener en cuenta que ellos, los subversivos, nunca se refieren al secuestro político como secuestros, sino como retenciones. Es su visión, no está justificada, pero habría que conocerla para entender el comunicado.

El presidente Juan Manuel Santos les había exigido a las Farc este paso para hablar de diálogo y, como se dice en el argot popular, hay que cogerles la caña, es decir, dar por hecho esa palabra: viabilizar el tema de las liberaciones y frente a este comunicado analizar bien si se trata de un gesto real de paz.

Somos de los pocos países del mundo que aún usan el secuestro como arma de guerra, se trata de un hecho anacrónico e inhumano que no tiene fundamento político alguno. Mi llamado en este punto es a que también la guerrilla del Eln asuma la misma postura. A la delincuencia común hay que combatirla y no se le puede pedir lo mismo.

Por último, mi mensaje a mis hermanos secuestrados es a guardar la calma en la medida en que la ilusión del regreso a la vida genera mucha tensión. Uno anhela que nada, que ningún hecho, dañe este momento. Mis palabras son de esperanza y de fe. Porque de paciencia no se sabe mucho en circunstancias así.

*Exsecuestrado, gobernador del Meta.

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