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«Es un nuevo punto de partida»

La izquierda recupera el Elíseo 17 años después, en unas elecciones marcadas por la peor crisis económica y social en medio siglo.

06 de mayo de 2012 - 07:01 p. m.
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Las miles de personas amontonadas frente a las pantallas gigantes instaladas por el Partido Socialista Francés en la calle de Solferino repitieron en coro el conteo regresivo: diez segundos antes de las ocho de la noche, cuando aparecieron los rostros de François Hollande y Nicolás Sarkozy para confirmar lo que los sondeos vaticinaron en los últimos días: el primero, con un 52% de los votos, se convierte en el segundo presidente socialista de la V República, después del paso por la jefatura del Estado de François Mitterrand (1981 y 1995). El segundo, con 48%, comienza su ocaso político.

“Nunca en mi vida había conocido lo que es vivir bajo un gobierno de izquierda”, dice Elodie, estudiante de 22 años; luego de los primeros momentos de emoción, a los abrazos entre desconocidos siguen gritos de: “Sarkozy se acabó” y “Por fin ganamos”. “Esperamos que este triunfo marque el regreso de la izquierda a una Europa víctima de una derecha inhumana”, dice Manu, quien ha viajado en bus desde la ciudad de Mons en Bélgica. “Hemos seguido todos los mítines de Hollande, es la esperanza de todo un continente”, dice.

Para Benoît, trabajador de la construcción, la victoria de Hollande es sobre todo “la derrota de una política de odio”. “Francia recuperó su dignidad” dice antes de unirse a un grupo de jóvenes que gritan “Primera, segunda o tercera generación, todos somos hijos de inmigrantes”.

Pasadas las celebraciones, las cosas no serán fáciles para el nuevo mandatario, que en medio de una Europa en manos de partidos de derecha y bajo el liderazgo de Ángela Merkel, quien es una declarada sarkozysta, deberá al mismo tiempo garantizar la continuidad del eje franco-alemán y renegociar el Tratado de Disciplina Monetaria de la Unión Europea. El socialista se ha opuesto a dicho tratado pues considera que las políticas de austeridad financiera no pueden sacrificar ni los salarios de los trabajadores ni las inversiones sociales. Sin embargo, fue ese gobierno uno de los primeros en comprometerse a mantener una “estrecha colaboración con Hollande para atajar la crisis de la zona euro”.

El ambicioso programa de educación de Hollande, que pasa por la creación de sesenta mil nuevos puestos de profesores, cerca de la mitad de los suprimidos por Sarkozy y su programa de empleo —que contempla exenciones de impuestos para las empresas que contraten empleados jóvenes sin despedir a los que tienen mayor antigüedad— exigen recursos que no están disponibles.

La proposición del socialista es recuperarlos echando para atrás las medidas de protección fiscal que Sarkozy otorgó a grandes empresarios y familias de clase alta. Si su estrategia no funciona, la derecha se dedicará a proclamar que la izquierda no podrá sacar el país de la crisis en la que el actual presidente lo dejó. Sin embargo, no será Sarkozy quien lidere esa oposición. Ya en marzo pasado, Eric Fottorino, exdirector de Le Monde, afirmaba que el mandatario había dicho alguna vez “mi próximo estatus será expresidente, entonces haré como Bill o Tony y me iré por el mundo dando conferencias y llenándome de plata “.

La más grande amenaza viene de la extrema derecha. La derrota de Sarkozy posiciona a Marine Le Pen como una figura de oposición y es más que posible que los miembros más radicales del derrotado partido Unión por un Movimiento Popular (UMP) terminen por unirse a las filas del Frente Nacional antes de las elecciones legislativas del 10 de junio, en las que el partido de los Le Pen podría, por primera vez desde 1986, tener representación en el Senado o la Asamblea.

En su primer discurso, Hollande pide ser juzgado por dos compromisos: la justicia y la juventud. “Mi misión es dar a la construcción europea una dimensión de crecimiento, de empleo, de prosperidad, de futuro, y es lo que diré lo más pronto posible a nuestros socios europeos y en primer lugar a Alemania”. Y recordó: “No somos un país cualquiera del planeta, somos Francia”.

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Otro presidente que pierde por cuenta de la crisis

La crisis económica le pasó la cuenta de cobro a otro gobernante europeo: el presidente Nicolás Sarkozy. Con este, son ya doce los cambios que se han producido en Europa desde 2010, fecha en que la crisis económica y financiera comenzó a afectar a la Eurozona y al resto de países de la Unión Europea (UE). Y así lo reconoció el propio Sarkozy al felicitar a Hollande por su triunfo. “Asumo toda la responsabilidad de esta derrota. He hecho todo lo posible para hacer triunfar las ideas que nos unen. Soy el presidente, era el jefe, y cuando hay un error es el número uno el que lo asume”, afirmó Sarkozy, entre gritos de ánimo de sus simpatizantes.

El mandatario se quejó por no poder convencer a los franceses y afirmó: “nunca olvidaré el honor de presidir el país”. En relación con su futuro político dijo que se prepara para “volver a ser un francés entre los franceses”, aunque no precisó si eso significa una retirada completa de la vida política, como él mismo insinuó en algún momento de la campaña electoral.

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