Fueron 27 años pasados por angustia. Casi tres décadas en las que la frustración y la desesperanza llenaron los días de Avril Grube, una mujer británica que un día vio salir a su hijo con su ex esposo y jamás volvió a saber de ellos. Iba a ser un paseo corto al zoológico de Liverpool, un asunto de una tarde que terminó alargándose por una vida entera.
Desde entonces, Grube emprendió una de las tareas más agobiantes para una madre: buscar a su hijo. Preguntó por él en todo lado, recorrió de arriba a abajo la ciudad y el país hasta que llegó a la puerta de la entonces primera ministra Margaret Thatcher para pedirle ayuda. La sospecha de Grube, ahora de 62 años, era que Gavin, su hijo, estaba en Hungría, país natal de su ex esposo. Nadie le dio una mano y los días, sin Gavin, siguieron pasando.
La salud de Grube, en ese entonces ya bastante regular (sufre de angina, diabetes y sangrados crónicos de la nariz), se fue deteriorando poco a poco mientras veía cómo la ilusión de volver a ver a su hijo se alejaba aún más. Un buen día, la tía de Gavin, Beryl, lo buscó en internet y se llevó la sorpresa de que su sobrino tenía un perfil activo de Facebook en el que decía que había nacido en Liverpool y que estaba viviendo en Hungría.
La historia, como en los cuentos de hadas, terminó con besos, abrazos y lágrimas, aunque con 27 años de retraso, entre la madre, quien tuvo un derrame cerebral la Navidad pasada, y el hijo, ahora de 29 años, casado y con tres hijos. Del padre, el presunto secuestrador de Gavin, sólo se sabe que murió en 2006.