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Finalmente, Estambul salva un parque

Las protestas de mayo y junio se terminan habiendo logrado un primer objetivo, salvar el parque de Gezi. Pero la República de Taksim como se llamó a esta inmensa plaza el tiempo de una revuelta quedó atrás.

Parque Gezi, Estambul. / MH Escalante
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De la República de Taksim como se la llegó a llamar a esta plaza situada en la cima de una de las siete colinas de Estambul, queda un inmenso espacio vacío, parcialmente pavimentado, que los transeúntes atraviesan sin detenerse para no tener que soportar las nubes de polvo que se levantan ahora por los trabajos de renovación y ya no como se temía, de destrucción, del vecino parque de Gezi.

Puesto que se trata exactamente de eso: de renovar el espacio que rodea al parque Gezi y no de preparar su desaparición como aún se creía hasta hace unos días cuando se veía grupos de policias custodiándolo y una legión de excavadoras que golpeaban los cimientos del pequeño parque.

La primera vez que vine a la Plaza de Taksim fue hace apenas hace una semana pero ya me parece remota. Y la primera imagen que me llegó del parque de Gezi fue la de un oasis en medio de un paisaje de cemento y del ruido del tráfico que se volvía insoportable bajo los rayos del sol.

La segunda vez no tuve más que seguir la nube de polvo amarillento que levantaban las maquinarias para llegar a él. Los golpes de excavadora habían desnudado ya las raíces de los primeros arboles, situados en la línea exterior, por el costado izquierdo. Hasta el viernes 28 de junio los pasantes y los policías hablaban de una inminente destrucción del parque.

Fue angustiante y doloroso verlo así. El hecho de que se corten árboles y se destruyan espacios verdes para sembrar centros comerciales en una ciudad se nos vuelve un problema personal aunque estemos en ella de paso.

En el caso de Estambul hubiera sido lamentable que se destruyera Gezi y era además inútil pues la ciudad en sí es un inmenso mercado formal e informal de productos indispensables y superfluos, y si bien un pequeño parque no le suma ni le resta belleza a una ciudad de geografía imponente con costas de maravilla sobre el Mar de Mármara, el Cuerno de Oro y el Golfo del Bósforo, la desaparición de Gezi habría privado de un espacio verde a este centro del llamado Estambul Moderno, atiborrado como el resto de la ciudad de comercios, bazares, centros comerciales y vallas publicitarias.

Por fortuna un Tribunal de Estambul acaba de dar razón a los manifestantes que se opusieron a la destrucción del parque, anulando esta semana la decisión de la Alcaldía que pretendía apoderarse del terreno para hacer construir un centro cultural a la gloria del imperio otomano, pero con vocación comercial.

El tribunal acaba de fallar en favor del mantenimiento del parque de Gezi y la Plaza de Taksim que por unos días se convirtió en una república con derecho a denuncia y crítica al gobierno conservadurista de Recept Ayattip Erdogan, ha vuelto a reintegrar la nación turca.

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En Estambul se habla de una simple tregua entre ciudadanos descontentos con los grandes proyectos urbanísticos que quieren llenar de cemento los espacios verdes de la ciudad, y un gobierno que por el momento se retracta pero que puede volver a la carga pues la idea de utilizar el terreno del parque con fines comerciales sigue bien presente dada la excelente localización de Gezi, en pleno centro internacional, con vecinos de marca como son los hoteles Intercontinental, Mármara Hotel y unos pasos más abajo el Ritz Carlton.

Las protestas de mayo y junio se terminan habiendo logrado un primer objetivo, salvar el parque de Gezi. Pero la República de Taksim como se llamó a esta inmensa plaza el tiempo de una revuelta quedó atrás. El lugar ha recobrado su aspecto habitual, de espacio urbano, que los estambulitas deben atravesar en cualquier momento del día y ahora en medio de importantes trabajos de renovación que incluyen un nuevo acceso a una estación de metro.

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La república de la primavera pasada ya no existe, pero los jóvenes que la declararon todavía se ven por los alrededores. Ahora se reúnen al pie de la Torre de Galata y luego se ven avanzar en grupos pequeños por la avenida Istiklal y las calles aledañas donde están situadas las tiendas de anticuarios, librerías y galerías de arte, pues es ahí en donde se concentra la vida cultural de la ciudad. Pero las grandes manifestaciones se acabaron.

Pese a la represión que marcó el fin de las protestas a mediados de junio, los manifestante de Estambul han obtenido el permiso de seguir reuniéndose para seguir criticando al Primer Ministro Erdogan y a la policía turca pero únicamente los fines de semana y sólo en esos lugares pues el acceso con pancartas a la Plaza de Taksim les está vedado.

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La llamada primavera turca se acabó con una represión en que la policía se excedió en el uso de gases lacrimógenos y detenciones; la prensa local anuncia nuevos brotes en Ankara pero ya no en Estambul adonde ahora se habla del verano turco con temperaturas que sobrepasan los 30 grados.

Estambul moderna y tradicional

Puede que el Primer Ministro turco Recept Tayyip Erdogan haya ganado también una primera batalla salvando su imagen al no dar la orden de destruir el parque de Gezi. Sin embargo nada de fondo se ha arreglado entre él y una clase urbana que reclama respeto del medio ambiente, pero más que todo libertad y derecho a vivir en una sociedad que se reclama moderna, no en la conservadora de corte islámico que Erdogan quiere imponer en una Turquía en pleno desarrollo y prosperidad económica, al menos el que se observa en la ciudad de Estambul.

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De este barrio de Taksim en el lado europeo de Estambul habría venido una buena parte de los manifestantes de mayo. Muchos de ellos se dicen laicos, contemporáneos, amantes de la vida a la manera occidental en oposición a sus vecinos de la parte asiática, del otro lado del Bósforo, más ligados a los preceptos de la religión musulmana, que por tanto está omnipresente por toda la ciudad, incluida la Plaza de Taksim.

No hay nada más que escuchar desde ahí o desde cualquier otro lugar donde se esté (playa, plaza, teatro, avenida, estadio, calle, tienda) el llamado a la plegaria que emana de los Minaretes diseminados por toda la ciudad. El primero se escucha al alba y el último en la noche, cuando los comercios ya han cerrado y en Estambul cierran tarde. Las mezquitas surgen en todo el paisaje urbano de Estambul como las iglesias en Bogotá.

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Los manifestantes de la ciudad moderna frente a los de la ciudad tradicional, los que no manifestaron o que defienden las decisiones del gobierno del Primer Ministro Erdogan, que prohíbe el uso del lápiz labial rojo y la falda encima de las rodilla para las azafatas de la aerolínea nacional, o que prohíbe el consumo de alcohol para todos a partir de las diez de la noche, son los opuestos de una misma sociedad y ellos sirven para ilustrar la dualidad que se percibe en Estambul : por un lado los jóvenes de la Torre Galata que defienden los valores individuales con sus particularidades culturales, por el otro una gran parte de mujeres que se ve por la calle con el velo islámico.

La ciudad se debate también entre un urbanismo acelerado que exalta de paso el carácter nacionalista y emprendedor de la sociedad turca y los habitantes que defienden valores más sencillos como la preservación de un pequeño parque.

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Sin embargo esa dualidad desaparece pues el pueblo turco posee un factor de unión en la figura de Mustafa Kemal Atatürk, el fundador de la nación en 1923. Fue Kemal, el llamado “Padre de los turcos”, quien salvó a Turquía de una repartición de su territorio entre las grandes potencias occidentales.

Su figura aparece en grandes fotos colgadas en los muros de la ciudad, en estatuas y en bustos que la gente exhibe en sus casas, en hoteles, en locales comerciales y hasta en las vitrinas de las boutiques de Istiklal, la avenida a la moda que se puede recorrer desde la Plaza de Taksim.

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Estambul, año 2020

Estambul es una ciudad de 15 millones de habitantes aproximadamente, que tiene su territorio urbano dividido en dos continentes. Por ello para ciertos recorridos por la ciudad , puede que sea necesario tomar un bus o el tranvía, después el metro y luego un barco.

Estambul es una ciudad que se nota con aspiraciones y su renovación urbana parece ir función de ellas. Estambul busca ser la sede de los Juegos Olímpicos de 2020. Por eso ha organizado estos últimos años diversos eventos deportivos a nivel mundial como el campeonato de básquet, de atletismo, natación, de lucha libre, el Gran Premio de Fórmula 1 y actualmente la Copa Mundial de Futbol Sub-20 en la que Colombia acaba de ser eliminada por Corea del Sur.

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Con ese objetivo en el 2020 Estambul hizo construir en un inmenso espacio natural al norte de la ciudad el Estadio Türk Telekom Arena. Con él llegaron nuevos barrios que todavía se ven en obra negra. Todos éstos brotan en terrenos que fueron tomados de pequeñas colinas donde hasta hace poco hubo bosques.

Los defensores del medio ambiente hablan de otros espacios naturales que también estarían amenazados por un proyecto de construcción de un tercer aeropuerto al norte de Estambul.

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Turquía quiere además ser admitida en la Unión Europea. Por esa razón el futuro de de Estambul se mide ahora por el valor catastral de sus mejores terrenos. Eso fue lo que ocurrió con el parque de Gezi.

De ahí que si las protestas de la Plaza de Taksim lograron salvar el parque de Gezi, también sacaron a relucir el modelo de vida al que aspiran especialmente los jóvenes de Estambul: desarrollo económico y social pero con calidad ambiental.

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Por una parte está una clase popular que puede venir de Anatolia y de otras provincias distantes de Estambul y que por tradición prefiere vivir en la obediencia y la creencia religiosa, por otra los citadinos que han nacido ahí y que se benefician de la prosperidad de Turquía pero que quieren vivir sin tapujos religiosos y en barrios holgados y bien dotados, placenteros y sanos a la vez.

Para concluir, qué queda de las masivas manifestaciones de mayo y junio de 2013 en Estambul, que por tanto hicieron decir al Primer Ministro Recep Tayyip Erdogan que eran una muestra de la ingratitud de los estambulitas pues “entre más se les ha dado más descontentos están”, en alusión a la buena salud económica que registra Turquía desde que él llegó al poder… el parque de Gezi, que finalmente se logró salvar de la destrucción, y una nueva oposición que aún no se puede situar en el paisaje político y de la cual no surgen figuras que puedan liderar ese movimiento a mediano y largo plazo.

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La República de Taksim fue declarada por una clase media heteróclita, de diferentes tendencias y cuerpos sociales que ante todo rechazó el temperamento impulsivo y sanguíneo, y sobre todo conservadurista del Primer Ministro turco Recept Tayyip Erdogan. Ese modelo paternalista y protector no se adapta más a una población urbana que quiere disfrutar del crecimiento económico de Turquía sin que para ello haya que portar un velo o hacer las cinco plegarias del día.

En Taksim se denunció también el modelo según el cual los citadinos tendríamos que resignarnos a vivir en ciudades volcadas al consumo, con un medio ambiente destruido, en donde se tenga que consumir comida “basura” y comprar ropa de mala calidad confeccionada en talleres que practican la producción en serie, con cadencias infernales y por obreros en condiciones de explotación.

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El caso de Estambul es el de muchas ciudades en el mundo: En ellas viven miles de habitantes responsables de su medio ambiente y millones de otros que ensucian sus calles, sus ríos, sus playas y destruyen sus parques, sin hablar del maltrato y de explotación de hombres y animales.

Ese es el modelo que se quiere imponer en Estambul o en Rio de Janeiro, destruir espacios verdes, crear centros de consumo e invertir sumas astronómicas en megaproyectos para el deporte y el turismo de masa sin que éstos beneficien de forma real a la gente.

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Se trata de aceptar que se construya un mundo en donde predominen los estadios y un inmenso mercado de objetos de pacotilla ? o habrá llegado el tiempo del boicot y de la palabra ciudadana ?

Recordar los hechos del 28 de mayo de 2013 en la Plaza de Taksim nos lleva a pensar en la suerte del planeta.

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En ese sentido la República de Taksim debe ser preservada como le fue el parque de Gezi. Pues no son los templos, ni los estadios, ni los centros comerciales los que nos permiten ser mejores seres humanos, son los parques.

MH Escalante, colaboradora de Soyperiodista.com. Estambul, Turquía.

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