Cada día preocupan más las informaciones que generan Ford, Chrysler y General Motors, las tres grandes empresas fabricantes de autos de Estados Unidos, por lo que no se descarta su declaratoria de bancarrota.
El más reciente capítulo en esta tortuosa historia se escribió esta semana, con el anuncio de suspender la producción. La primera en hacerlo fue Chrysler, la cual indicó que cerrará sus 30 plantas de manufactura en Norteamérica durante un mes, a partir del viernes, en un esfuerzo por hacer frente al peor descenso en las ventas de automóviles en el país en los últimos 26 años.
A esto le siguió Ford, cuyos voceros dijeron que la compañía parará durante tres semanas la producción en 10 de sus 12 plantas de montaje de vehículos de Estados Unidos, en lugar de las dos semanas tradicionales durante las fiestas navideñas.
Previamente, la General Motors había señalado que producirá 250.000 vehículos menos de lo previsto porque “la velocidad y gravedad del declive del mercado del automóvil en E.U. en las recientes semanas no ha tenido precedentes”.
La situación provocó distintos pronunciamientos desde la Casa Blanca, que el jueves mismo se planteó la posibilidad de una quiebra controlada de las tres grandes empresas automovilísticas de Estados Unidos, como una alternativa para salvar el sector.
Según la agencia EFE, en su rueda de prensa diaria, la portavoz de la Casa Blanca, Dana Perino, afirmó que van “a hacer algo”, pues el gobierno quiere evitar un “colapso caótico” del sector.
Perino también declaró que la Casa Blanca está “muy cerca” de llegar a una decisión sobre la concesión de ayudas económicas a los fabricantes de automóviles, pero se negó a ser más específica.
El presidente de E.U., George W. Bush, se expresó en términos similares cuando durante una intervención en el Instituto Estadounidense de la Empresa señaló que estaba preocupado por un “colapso incontrolado” de los fabricantes de automóviles.
Bush afirmó que el estadounidense promedio “realmente saldría dañado” por la bancarrota de los fabricantes y añadió que en este asunto tiene “una obligación” con su sucesor.
“No creo que sea una buena política arrojarle una crisis” en su primer día de trabajo, argumentó. La Casa Blanca anunció que le brindará un paquete de ayuda a la industria automotriz, después de que el Congreso rechazó la petición de un salvavidas por US$14 mil millones para el sector.
Las noticias sobre los recortes en la producción se conocieron al tiempo que General Motors Corp. negó en un informe que haya reanudado las negociaciones con Chrysler para fusionar ambas empresas.
El diario financiero The Wall Street Journal, con base en personas familiarizadas con las negociaciones, indicó ayer que las conversaciones fueron reanudadas, después de que el grupo inversionista Cerberus Capital Management LP, accionista mayoritario de Chrysler LLC, indicó que está dispuesto a vender parte de su participación.
El vocero de GM, Tony Cervone, dijo que la posición de la empresa sobre las negociaciones no ha cambiado desde que suspendió el diálogo en noviembre al anunciar los resultados del tercer trimestre.