Ganadores: el primero y principal ganador es la institucionalidad democrática colombiana que mantiene su esencia —independencia de poderes, alternación— y que no continúa el proceso de desequilibrios que había originado la aprobación de la primera reelección presidencial. La democracia colombiana envía un claro mensaje a la región de una democracia que se niega a hundirse en tendencias caudillistas y que fortalece sus tradiciones institucionales.
Por supuesto, la Corte Constitucional que ratifica su rol de tribunal constitucional independiente y guardián de la Carta Política. El debate electoral colombiano hacia la elección de un nuevo presidente, que había estado ‘congelado’ pendiente del resultado del referendo en mención.
Ahora sí debemos exigirles a los candidatos propuestas acerca de las prioridades nacionales. Y claro, gana también Juan Manuel Santos al ser escogido por el Partido de la U como su candidato presidencial y en principio tener buena figuración en las encuestas.
Perdedores: los sectores políticos del uribismo que privilegiaban la permanencia del Presidente por encima de la estabilidad del equilibrio institucional y que buscaron hacerles a la Constitución Política de 1991 los esguinces que favorecieran sus pretensiones.
El presidente Uribe, quien se retirará para algunos no sólo con la sensación del deber cumplido, sino porque las normas constitucionales lo obligaron. Sin duda, un Presidente que tienen ejecutorias importantes en su haber; pero su reacción de aceptar claramente la decisión de la Corte Constitucional habla bien de su vocación democrática.
Finalmente, los partidos políticos uribistas que corren el riesgo de entrar en procesos de fragmentación en la medida en que desaparece el elemento cohesionador: apoyar y participar del gobierno.