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Generación P

El uso de sustancias psicoactivas por parte de los jóvenes para mejorar su rendimiento sexual, encendió las alarmas entre la comunidad médica y los educadores.

21 de noviembre de 2008 - 09:06 p. m.
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La mayoría de los habitantes de los sectores más populares del barrio Antioquia, en Medellín, parecen no dormir nunca. Desde la madrugada y hasta altas horas de la noche sus casas se convierten en el punto de encuentro de decenas de jóvenes que quieren abastecerse de droga antes de salir de rumba. Mercedes, Audis, Mazda 3, BMW y camionetas de vidrios polarizados se parquean durante varios segundos al frente de las puertas de las viviendas para recibir la mercancía.

Con tono familiar y amable, los expendedores, usualmente madres cabeza de familia, los saludan y les reclaman por no haber vuelto. Luego les preguntan con qué se quieren divertir y desaparecen por un instante para buscar el pedido. Cigarrillos de marihuana –regular o cripi (cuando la hierba es procesada para que cause un mayor efecto) y en papel tradicional o de sabores–, éxtasis, cocaína, popper, ácidos y heroína son las drogas más solicitadas.

Su costo no es muy alto, $20.000 son suficientes para “enloquecerse un buen rato”, cuenta Felipe, de 25 años, al tiempo que confiesa que compra marihuana todas las semanas y drogas sintéticas sólo en ocasiones especiales, como fiestas electrónicas de gran envergadura, en las que tocan DJ´s extranjeros. El testimonio de este universitario no dejaría de ser uno de los tantos relatos que se escuchan a diario en los centros de rehabilitación y en los consultorios de los médicos expertos en farmacodependencia, de no ser porque su principal razón para consumir sustancias psicoactivas es la de poder disfrutar de una relación sexual más placentera. Por eso, algunos especialistas en comportamiento adolescente se atreven a denominarlos la Generación P.

En los últimos meses, ginecólogos, psiquiatras, padres de familia, educadores e investigadores en adicción han detectado que menores, a partir de los 12 años, están consumiendo droga y mezclando todo tipo de sustancias para desinhibirse y poder desempeñarse de manera extraordinaria, según ellos, en su vida sexual. Una tendencia que no sólo ha cobrado fuerza en las principales ciudades de nuestro país sino en el Viejo Continente, en donde, según un reciente estudio de la Asociación Europea Irefrea publicado en la revista BMC Health, un cuarto de los jóvenes entre 16 y 28 años consume cocaína para prolongar el sexo. Además de éxtasis y marihuana para sentirse supuestamente más seguros y conectados con su pareja.

Germán Salazar, médico ginecólogo infanto-juvenil de la Clínica El Country en Bogotá, advierte que se trata de un fenómeno preocupante, que responde a la presión de grupo a la que están sometidos los adolescentes de tener un buen desempeño sexual. Lo cual los lleva a iniciar su sexualidad de manera temprana, 12 años en promedio, explica Salazar. Y agrega que “la mezcla que más les llama la atención es la del alcohol con la cocaína, pues los desinhibe y los hace sentir que están respondiendo mejor. El problema es que en la mayoría de los casos olvidan protegerse y esto ha disparado el número de embarazos adolescentes y de menores contagiados con enfermedades de transmisión sexual”.

Experiencias de alto riesgo

El deseo de los jóvenes por probar nuevas experiencias muchas veces ha llegado a desdibujar los límites. A finales de la década de los 80, The Lancet, una de las publicaciones de medicina más respetadas de Europa y la número uno de Inglaterra, reportó el caso de un adolescente que buscando una erección prolongada, se aplicó cocaína en su uretra. Y, aunque cumplió con su cometido, tuvo que pagar un precio muy alto.

La sangre dejó de circular en sus manos y pies y tuvo que acudir de urgencia al hospital. Los médicos que lo atendieron explicaron que utilizar la cocaína de esa forma produce priapismo, es decir, largas horas de una erección dolorosa, la cual le causó un shock vascular severo, que finalmente terminó en una penectomía y en la amputación de 14 de sus 20 dedos.

 El caso, bastante sonado en la época, lo recuerda Augusto Pérez, director de la Corporación Nuevos Rumbos, una organización dedicada a la asesoría y la investigación para la prevención del consumo de drogas en el país. Pérez, con una amplia trayectoria en estos temas, asegura que el foco de la población en el que se concentra el consumo desmedido de drogas y un constante afán por tener experiencias placenteras, está en los estratos más altos, con jóvenes que además de tener recursos para adquirir las sustancias, creen hacer parte de una sociedad exclusiva y vanguardista.

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Algunos de ellos, incluso, seducidos por la tendencia de la medicina y los productos naturistas, prefieren dejar las drogas tradicionales a un lado y consumir pastillas o bebidas que prometen aumentar la potencia sexual, como Power Natural Sex, una píldora que se puede adquirir en los locales de medicina homeopática o a domicilio. Al respecto, Nereida Lucena, sexóloga de Profamilia, dice haber escuchado confesiones de varios jóvenes  sobre el consumo de estas drogas con fines eróticos. “No sólo utilizan sustancias psicoactivas, también recurren a drogas homeopáticas fabricadas para mejorar el desempeño sexual, las llamadas ayudas naturistas”.

Para Lucena, este tipo de conductas son fruto de la presión que está viviendo la juventud por cambiar constantemente de pareja y no sostener relaciones estables durante largos períodos de tiempo. Y advierte que esto parece llevarlos a consumir drogas para quedar bien en la cama aun sin necesitarlas, un fenómeno que podría generar inseguridades y verdaderos problemas de impotencia sexual en el futuro.

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¿Qué pueden hacer los padres y los educadores para combatir esta problemática y evitar nefastas consecuencias en el desarrollo físico y emocional de las nuevas generaciones? Germán Salazar cree que los padres deben dejar de sonrojarse cada vez que sus hijos les hablen de sexo y tratar de orientarlos para que no inicien su vida sexual demasiado temprano y aprendan a ser responsables. Para Augusto Pérez la respuesta está en que a los jóvenes se les enseñe que así como tienen derechos, también tienen deberes relacionados con su vida íntima.

Lo cierto es que ambos expertos coinciden en que en Colombia hace falta que se genere una verdadera conciencia sobre este tema. “Hace seis años que no hay ninguna estrategia de prevención por parte del Estado y pasamos la vergüenza de ser el único país del continente que no tiene información sobre el consumo de drogas y de alcohol desde 1996”, reclama Pérez. Mientras que Salazar advierte que los colegios deben preocuparse menos por el rendimiento académico de sus estudiantes y más por su formación como personas: “Si esto no sucede y no tenemos centros especializados para asesorar a los adolescentes sobre sexualidad y adicciones, estamos ante una bomba de tiempo”.

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Testimonios

“Marihuana, la mejor”

Sergio, 23 años

“Yo tengo una ventaja, y es que vivo solo con mi pareja. Ocasionalmente nos gusta consumir drogas para tener sexo, aunque no es algo que hagamos todos los días. Hasta ahora, hemos experimentado con varias: marihuana, LSD, éxtasis y popper. Entre esas, hay algunas que a mí, personalmente, me parecen mejores que otras.

El éxtasis me gusta para la rumba, pero no mucho para tener sexo. Pierdo sensibilidad y siento que me desgasta físicamente, no me deja concentrar. Sí, duro más, pero no lo disfruto tanto. Creo que en eso, el éxtasis es de las peorcitas.

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 El popper, como su efecto es tan corto, cuando lo utilizo, lo inhalo al comienzo de la relación, o en el momento en que voy a llegar para aprovecharlo al máximo. Sube mucho los niveles emocionales.

El LSD me gusta, siento un placer más intenso, como si todo lo que estuviera pasando fuera mucho más fuerte.

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Pero para tener sexo la droga  que más me gusta es la marihuana. Relaja, sensibiliza, hace que todo vaya más lento, es hasta más romántico y a pesar de que no sufro por el tiempo, me hace aguantar un poco más.

Creo que todo eso lo hago porque tengo confianza con mi pareja, tenemos muy buena comunicación y a los dos nos gusta probar ese tipo de sensaciones de vez en cuando, tampoco muy seguido, para no perder el encanto”.

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Confesión de un ‘dealer’

Juan, 21 años.

“Desde hace un par de años vendo droga a la salida de algunos sitios de rumba. Empecé a hacerlo porque vi cómo un amigo logró cuadrarse con esto y no sufrir por plata. Este “trabajo” me da una seguridad económica, es algo que muchos hacemos como sobresueldo. Al principio era un negocio bueno. Pero como ahora mucha gente está mal de dinero, algunos nunca pagan.

La mejor hora para vender es a la madrugada, cuando la gente está enloquecida y con ganas de seguirla hasta que salga el sol. Por la noche generalmente compran un pasecito de coca y al amanecer se comen un ácido. Son lo más fuerte, lo más asequible en relación a su efecto. La gente de mi edad prefiere lo más barato, por eso compran la droga entre varios, como la coca, que la inhalan en grupo después de salir del sitio para llegar despiertos a la casa, con buena cara y una presencia decente”.

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“No me considero una adicta”

Natalia, 25 años

“Probé la marihuana hace un año. Un amigo me dio un cachito para que me relajara y me gustó. Desde entonces fumo todos los días, pero generalmente me gusta hacerlo cuando voy a hacer el amor con mi novio. Sentimos una conexión muy fuerte, es como si todo nuestro cuerpo y nuestros sentidos estuvieran completamente sintonizados.

No me considero una adicta, porque no creo que la marihuana sea una droga, la veo más como algo natural que me permite liberar tensiones del trabajo y además disfrutar de mi vida sexual. Ahora también estoy aprendiendo a cocinar con aceite de marihuana, te hace el mismo efecto y no quedas oliendo. Sólo sé preparar algunos platos, pero mi novio está matado con lo que le sirvo y sobre todo con lo mucho que nos divertimos una vez acabamos de comer”.

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