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Guardería de corales

Bajo el mar de Providencia, amarrados a cuerdas de nylon, crecen fragmentos de coral. Un experimento de restauración.

08 de febrero de 2012 - 05:05 p. m.
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Es un rincón secreto en medio del arrecife coralino que abraza la isla de Providencia. Las coordenadas de la “guardería” donde crecen milímetro a milímetro, día tras día, los fragmentos de coral colgados en cuerdas de nylon, las conocen sólo los funcionarios del Parque Nacional Natural Old Providence McBean Lagoon.

Desde la cumbre de cayo Cangrejo, a donde llegan los turistas a caretear y bucear entre terrazas y parches coralinos, Marcela Cano, directora del Parque, enumera los problemas que están diezmando la población de corales: aumento de la temperatura promedio del agua, cambios en la calidad físico-química de las aguas, disminución de los peces herbívoros.

En 2007, un estudio de Invemar reveló una alta mortandad de las colonias coralinas y el creciente dominio de zonas pobladas de algas. Marcela y su equipo contactaron a Ken Nedimyer, fundador de la ONG Coral Restoration Foundation, dedicado a desarrollar técnicas para restaurar corales en el Caribe.

La negociación para implementar un proyecto de restauración no tuvo éxito, pero los funcionarios de Parques no se dieron por vencidos y comenzaron a investigar por cuenta propia. Con la esperanza de volver a repoblar de corales la zona, decidieron crear las primeras “guarderías” para dos especies de estos organismos: Acropora cervicornis y Acropora palmata. La primera se completó en junio de 2010, la otra un mes más tarde.

Cada guardería consta de dos líneas de nylon ancladas al fondo por medio de un “muerto”. Las cuerdas que las sostienen se mantienen verticales gracias a una botella plástica amarrada al final. Los fragmentos cortados a los corales más sanos de la zona se amarran a los hilos a la espera de que la guardería les resulte un lugar confortable.

Una vez sembrados, cada quince días un grupo de buzos visitaba el lugar para verificar la salud de los corales. Siete meses más tarde, los fragmentos habían crecido lo suficiente para dar el segundo paso: trasplantarlos de las guarderías colgantes a un sustrato duro, cerca de corales naturales.

Marcela y su equipo están orgullosos de lo que han logrado hasta ahora: desde el trasplante de los fragmentos se ha obtenido una supervivencia del 100% de estas pequeñas colonias en ambas especies, luego de 15 días de ser llevadas al sustrato.

Los alumnos autodidactas y aventajados de la isla de Providencia ya comenzaron a divulgar la técnica para cultivar corales entre sus colegas de otros parques, como el de Islas del Rosario, y también entre personas interesadas en el Caribe colombiano. Se necesitan decenas de guarderías para contrarrestar el daño que, por otro lado, le infligimos todos los días a los corales.

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