Medellín. Miércoles 18 de abril. El bloqueo de las cuatro entradas vehiculares a la Universidad de Antioquia ya estaba planeado. A la 1:00 p.m. alrededor de cien encapuchados cerraron los accesos. Los anónimos protestaban contra el TLC con EE.UU. y la reciente reelección de Alberto Uribe en la rectoría.
De un lado volaron piedras y papas bomba, del otro los gases lacrimógenos con los que el Esmad (Escuadrón Móvil Antidisturbios de la Policía) pretendía controlar el disturbio. Se escuchó un estallido, el patrullero Uriel Andrés Rincón, de 26 años, cayó herido luego de que un artefacto explosivo impactara su pierna derecha. A las tres de la tarde, en la clínica León XIII de Medellín, los médicos se la amputaron.
Tunja. Martes 20 de marzo. Las papas bomba estallaron accidentalmente dentro de la maleta, hiriendo de muerte a Edwin Molina, de 24 años. Otro estudiante perdió una mano y la onda lesionó a otros cuatro jóvenes que conmemoraban, dentro de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia (UPTC), los 25 años de la muerte del estudiante Tomás Herrera, quien cayó abaleado en 1987 mientras participaba en una protesta dentro de la institución.
Los encapuchados se dispersan, los policías se dispersa, y el campo de batalla vuelve a ser campus. Un ciclo que se ha repetido por décadas. La pregunta tras los últimos episodios es: ¿cómo hacer para que en el lugar que debería reunir la crítica, la palabra, la concertación y el discurso, las protestas no terminen siendo escenarios de violencia? En otras palabras, ¿cómo extirpar la violencia de las universidades? El Espectador consultó a rectores de las principales universidades públicas del país, quienes expusieron sus puntos de vista frente a un debate que aún está por darse.
El académico y exrector de la Universidad Distrital, Carlos Ossa, asegura que no puede desconocerse la presencia e influencia de sectores extremistas dentro de las protestas, minorías radicales que tienen percepciones negativas frente a la autoridad y para quienes el enfrentamiento es su bandera, “a los que las directivas y la comunidad estudiantil deben sacar del aislamiento para ofrecerles espacios de confrontación donde puedan exponer sus tesis e ideologías”.
Álvaro Gómez Torrado, vicerrector académico y rector encargado de la Universidad Industrial de Santander, cree que las familias no deben desligarse de los procesos de sus hijos por el hecho de que ya sean mayores de edad o acaben de ingresar a la universidad. “Los jóvenes de 16 años que llegan a los primeros semestres son un banquete para todos los grupos ideológicos que se reúnen en la universidad; hay que cuidarlos, porque en una universidad con 20 mil estudiantes es muy difícil individualizar”.
El rector de la Universidad Nacional, Moisés Wasserman, asegura que el movimiento estudiantil que el año pasado detuvo la iniciativa del Gobierno de reformar la Ley de Educación Superior, instando a ‘besatones’, ‘bailatones’ y ‘abrazatones’, es una muestra del proceso de transición en el que se encuentran estas manifestaciones, el cual ha sido posible gracias a la apertura de espacios de diálogo y de discusión sobre sus preocupaciones dentro de la Universidad: “apoyamos sus publicaciones sean o no contestarias, la idea es demostrarles que en la universidad pueden sentirse libres”.
Por otro lado, el rector de la Universidad de Antioquia, Alberto Uribe Correa, afirma que, en su caso, se necesita que la asamblea de estudiantes presente unos voceros con los que se puedan iniciar discusiones frente a las necesidades del estudiantado, “en la asamblea participan cientos de estudiantes, pero bajo el lema de que allí todas las voces tienen la misma importancia nadie asume la responsabilidad de liderar”.
Lo cierto es que nuestras universidades públicas son herederas de las complejidades y los problemas sociales del país, en donde, como dice el rector de la Universidad Nacional, “no dejarán de existir grupos que se agendan para desestabilizar la sociedad”. Los argumentos tendrán que desarmar a los violentos y cerrarles el camino a los atropellos.
Hablan los rectores
Moisés Wasserman
Universidad Nacional
“60 encapuchados en una población de 40 mil estudiantes tienen una capacidad de convocatoria y de hacer daño limitada”.
Alberto Uribe Correa
Universidad de Antioquia
“Nos está faltando entregarles a los estudiantes espacios de formación en el arte de protestar”.
Álvaro Gómez Torrado
Rector encargado. Universidad Industrial de Santander
“Los argumentos son la clave para combatir las disidencias”.