Durante el foro ‘Conservación de los bosques, una responsabilidad compartida’, que hace parte de la Campaña Bibo, lanzada por El Espectador con la Presidencia de la República y entidades del sector privado, se debatió ayer el futuro de las riquezas naturales.
Un mensaje del presidente Juan Manuel Santos ratificó la pretensión del Gobierno de reforestar un millón de hectáreas, propugnar la concientización del valor de los bosques y aprovecharlos como factores de competitividad.
La decisión del Gobierno se da en un momento crítico. Según el Ideam, anualmente se pierden 330 mil hectáreas de bosque. Xiomara San Clemente, representante del Ministerio de Medio Ambiente, indicó que desde los 90 se han perdido seis millones de hectáreas. El tráfico de madera, los cultivos ilícitos, minería ilegal y construcción de infraestructura, son algunas causas de la devastación.
No obstante, Colombia aporta apenas el 0,36% de las emisiones de gases de efecto invernadero en el mundo. Pero si la tasa de deforestación sigue como está, en 40 años no habrá bosques.
El discurso de la Presidencia es alentador. También la reciente firma del pacto por la madera legal, con el fin de reducir la tala no sostenible. Sin embargo, Juan Pablo Ruiz, del Consejo Nacional de Planeación, y Mary Lou Higgins, directora de WWF Colombia, señalan que el discurso de Santos no se refleja del todo en el Plan Nacional de Desarrollo. Ruiz dice que tres de las cinco locomotoras de la hoja de ruta del Gobierno (la minería, la infraestructura y la agricultura) generan más riesgos que oportunidades para la conservación y han sido históricamente las principales causas de deforestación. En el caso de la minería, una de las más importantes locomotoras, dice Ruiz, se podrían destinar las regalías para contribuir al desarrollo de otros sectores que, contrario a la minería, son sostenibles.
Óscar Darío Amaya, procurador delegado para asuntos ambientales, señaló que urge actualizar la legislación ambiental, que es la misma del 74, cuando el 70% del país era territorio rural, lo cual permitiría ecologizar desde la base el modelo de desarrollo. Estas y otras decisiones, que están en pleno debate, serán la base para que el PND sea sostenible y el país pueda conservar y aprovechar responsablemente el oro verde de sus tierras.