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Hijo del dictador siembra el caos

Después de que Saif el-Islam, hijo de Muamar Gadafi, lanzara un discurso advirtiendo del riesgo de una guerra civil, el país se sume en la violencia. Este martes, el Consejo de Seguridad de la ONU analizará la situación.

21 de febrero de 2011 - 11:22 p. m.
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Libia está sumido en el caos. En Trípoli, la capital, la situación es de máxima tensión con cadáveres tirados en las calles y continuos disparos que se escuchan en los principales barrios, donde grupos de hombres armados que circulan en automóviles disparan contra todo lo que se mueve. Imágenes que transmite constantemente Libya TV dan cuenta también de edificios públicos en llamas, particularmente la sede central del gobierno y el Ministerio de Justicia.


La presencia de las fuerzas de seguridad es escasa. “No hay fuerzas del orden. No se sabe dónde han ido. Esta situación favorece que haya rumores alarmantes”, explicó un periodista que reportó la situación para la cadena Al-Jazeera, que habló también de la posible huida del líder libio, Muamar Gadafi, quien lleva en el poder 42 años, y renuncias de altos dirigentes del ejército y otros cuerpos de seguridad.


Fue el ministro de Asuntos Exteriores británico, William Hague, quien echó a rodar el rumor al afirmar que el presidente libio podría haber abandonado el país, incluso mencionó que su destino sería Venezuela. Sin embargo, el gobierno de Hugo Chávez negó que el mandatario libio hubiera pedido refugio,  pero Hague insistió: “He recibido información de que estos contactos están en el terreno”. Horas más tarde, la televisión estatal mostró imágenes de Muamar Gadafi hablando para un reportero: “Yo circulé hoy por la plaza Verde (en el centro de Trípoli), yo estoy aquí y no en Venezuela, contrariamente a lo que afirman las emisoras de los perros”


El régimen amenaza


El discurso del hijo de Gadafi fue el anuncio de lo que estaba por venir. En una errática intervención, Saif el-Islam, advirtió que el gobierno respondería al aumento de las protestas llevando su furia represora todavía más lejos. “O nos ponemos de acuerdo hoy sobre las reformas o no lloraremos 84 muertos, sino miles y habrá ríos de sangre en toda Libia”, afirmó Saif al Islam. Y remató: “Libia no es Egipto, no es Túnez. Tomaremos las armas, lucharemos hasta la última bala, destruiremos a los elementos de la sedición”.


Sus amenazas se cumplieron: aviones militares lanzaron bombas y balas de artillería pesada contra los manifestantes en Trípoli. Según los primeros reportes, esos ataques dejaron más de 250 muertos. “Lo que estamos presenciando es inimaginable. Aviones de guerra y helicópteros están bombardeando indiscriminadamente una zona tras otra. Hay muchos, muchos muertos”, dijo Adel Mohamed Saleh, un activista político en Trípoli, a la cadena Al-Jazeera.


Según esta cadena de televisión, que se consolida como la fuente de información de lo que está sucediendo en el mundo árabe, dos pilotos que se negaron a arrojar bombas sobre la multitud huyeron hacia Malta. Dos cazas de la Fuerza Aérea libia aterrizaron inesperadamente en el aeropuerto internacional de Malta. Según la agencia EFE, dos coroneles de la Fuerza Aérea libia solicitaron asilo político.


La crisis llega incluso al círculo de poder de Gadafi. El ministro de Justicia, Mustafá Abul Jalil, anunció su dimisión como protesta por “el excesivo uso de la fuerza contra las protestas”. Horas después, el ministro de Estado libio encargado de Emigración y de la Comunidad Extranjera, Ali Errichi, exigió a Gadafi que abandone el poder. Incluso los imanes de las mezquitas del país, hasta el domingo incondicionales defensores del dictador, cambiaron su discurso y le pidieron al pueblo no dejarse atemorizar por las amenazas y salir a las calles para pedir la renuncia del régimen.



El mundo árabe sigue prendido


En Yemen, tras 25 días de protestas, el presidente Alí Abdalá Saleh calificó las manifestaciones como actos de provocación inaceptables y reiteró que sólo se irá “por medio de las urnas”. Entre tanto, en Marruecos, después de los enfrentamientos entre manifestantes y policías, que dejaron un saldo de cinco muertos, el rey Mohammed VI aseguró estar “comprometido con la realización de reformas estructurales”. Finalmente, en Bahréin, las autoridades decidieron cancelar el Gran Premio de Fórmula I debido al estado de inestabilidad por el que atraviesa el reino.

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