Porque en 2008 cumplir su misión de “preservar la estabilidad de precios, en un entorno de máximo crecimiento y empleo”, se tornó imposible por culpa de los elevados precios internacionales de los alimentos y los combustibles, varias huelgas, el crudo invierno y la muy severa crisis financiera global.
Al Emisor —y a las demás autoridades económicas— no le fue bien en este complejo año. La meta de inflación —que habían fijado José Darío Uribe y sus colegas— que apuntaba a un rango entre 3,5 y 4,5% no se cumplirá por un amplio margen (se estima que el costo de vida subirá este año 7,5%). El crecimiento del PIB caerá de un nivel cercano al 8% el año pasado, a un ritmo que en el mejor de los casos alcanzará el 4% al cierre de 2008. Y se estancó el descenso del desempleo, con alta probabilidad de que en diciembre aumente por cuenta de la marcada desaceleración que sufren la producción y las ventas desde hace varios meses.
El presidente Uribe, los ciudadanos del común, la gran mayoría de los empresarios y numerosos analistas económicos criticamos la muy restrictiva política monetaria —léase altas tasas de interés— del banco central de Colombia. Sobre todo en meses recientes, porque los datos han comenzado a mostrar que la economía no se está enfriando —como era el propósito del Emisor desde abril de 2006 cuando comenzó a encarecer el uso del dinero para reducir las presiones inflacionarias—, sino que su aterrizaje se asemeja cada vez más a un “barrigazo”.
Entonces, ¿por qué el gerente del Banrepública, con el apoyo de la mayoría de sus compañeros de junta se han empeñado en subir y conservar un alto costo del crédito? ¿Por qué nuestro banco central no ha bajado su tasa de intervención como lo han hecho sus homólogos del resto del mundo para luchar contra la recesión?
La respuesta está en lo que sucedió en el mercado financiero a mediados de este año. Por primera vez, desde comienzos de la década de los 90, las expectativas de inflación de mediano y largo plazo de los agentes económicos indicaron que se temía un alza. Y si hay algo que angustie a un banquero central, más que la inflación, es la expectativa de que el alza en el costo de vida aumentará año tras año. Porque cuando esto sucede hay que librar una batalla titánica para quebrar esas nocivas expectativas que alimentan al monstruo inflacionario.
Por lo tanto, para demostrarle al mercado financiero que el Emisor no permitiría que esas dañinas expectativas se consolidaran, la junta del 25 de julio —liderada por José Darío Uribe— subió su tasa de intervención del 9,75 al 10% anual. La reacción fue positiva y se calmaron los pronósticos de una inflación desbocada en la próxima década, las tasas de interés de mediano y largo plazos comenzaron a descender.
Es muy probable que en la próxima sesión de la junta directiva del Emisor se acuerde el esperado descenso en el costo financiero —para darles un respiro a los bolsillos públicos y privados, estimulando así la alicaída demanda— porque han cedido las presiones y perspectivas inflacionarias. Pero le ha quedado muy claro a todo el mundo que el Banco de la República, y en particular su gerente, no toma decisiones con base en presiones políticas, de los gremios, de economistas críticos o de la opinión pública, sino considerando exclusivamente criterios técnicos. En este sentido, tirios y troyanos —estemos o no de acuerdo con las decisiones del Emisor— reconocemos todos que actúa con independencia y rigor. Y eso es bueno para la confianza, motor de la economía.
Por esta razón, José Darío Uribe fue reelegido hace poco por sus colegas para un período adicional de cuatro años como cabeza del Emisor. Este paisa, administrador de empresas de Eafit, con títulos de maestría y doctorado en economía de la Universidad de Illinois en Urbana , Champagne (EE.UU.), ha demostrado a lo largo de su brillante carrera (anteriormente era el gerente técnico del Banrepública) que cumple muy bien los exigentes requisitos de sus delicado cargo. Es un profesional muy estudioso, de análisis profundos, que escucha con atención las opiniones contrarias y se cuestiona constantemente sus propias ideas. Es además una persona serena, sencilla y amable. Lo cual no debe confundirse con debilidad de carácter, puesto que como lo probó este año, no cambia de parecer a punta de presiones.
Jota, como le dicen sus amigos, fue por sus decisiones uno de los protagonistas económicos de 2008. El año entrante él y sus colegas del Emisor tienen de nuevo el enorme desafío de meter en cintura a la inflación, pero sin perjudicar el crecimiento económico y la generación de empleo. Ojalá la dura experiencia de este año le sirva.
Los responsables del Emisor
Con la Constitución de 1991 se introdujeron diferentes cambios al Banco de la República, la entidad encargada de mantener la capacidad adquisitiva del peso colombiano.
La Junta Directiva del Banco de la República está conformada por siete miembros con un voto cada uno: Óscar Iván Zuluaga, ministro de Hacienda; cinco miembros de dedicación exclusiva (Carlos Gustavo Cano, Juan José Echavarría , Juan Mario Laserna, Fernando Tenjo y Leonardo Villar) y el gerente general, nombrado por los anteriores (José Darío Uribe).
Los miembros de dedicación exclusiva y el gerente general tienen períodos fijos de cuatro años, prorrogables dos veces, con lo cual pueden permanecer hasta doce años en el cargo. Dos de los cinco miembros de dedicación exclusiva son reemplazados por el Presidente de la República cada cuatro años, una vez transcurrida la mitad del período presidencial.