La cifra en sí misma es preocupante para el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición porque, además del alto consumo, ahora resulta que las bebidas azucaradas están tomando el lugar de la leche materna entre la población infantil, en el biberón: el futuro del país comienza a crecer con gas en el estómago y mucho azúcar en el organismo. La investigación del Instituto dice que con un solo “refresco al día” los bebés están ingiriendo más de 10 veces la cantidad de dulce que deberían consumir.
Los números no parecen accidentales. México está en el podio de los países más obesos del mundo y es el número uno en obesidad infantil. La Secretaría de Salud calcula que 7 de cada 10 niños entre los 5 y los 11 años padecen de sobrepeso, al igual que sucede con cerca de la mitad de la población del país (55 millones de personas). Se trata de uno de los principales problemas de salud pública del país.
Como principal foco de población, la Ciudad de México, que reúne alrededor de 20 millones de habitantes, se ha visto en la necesidad de ponerse en forma. Desde 2010 es obligatorio que los colegios incluyan en su plan de estudios una asignatura de nutrición. Y en toda la nación, la Ley General de Salud prohíbe la venta de comida chatarra en las escuelas y la obligación de practicar al menos 30 minutos de actividad física diaria.
Quizá resulte difícil pelear contra el sabor dulce de las gaseosas y de las golosinas, la comida chatarra y la importante cantidad de grasas y carbohidratos de la gastronomía típica.
Tal vez desde el gusto la batalla luzca complicada, pero la apuesta es por mantener al ‘enemigo’ en sus justas dimensiones, desde un ideal de vida sana. Al final, un joven sabrá que tener una dieta desmedida con ciertos alimentos le quitará unos 10 años de su vida adulta, que la diabetes tiene implicaciones serias y que la hipertensión puede ser la madre de muchos males.
El actual jefe del Gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard, fue el principal impulsor del programa ‘Muévete y métete en cintura’, con el que en horarios y lugares públicos tienen lugar actividades de baile y ejercicio para competir contra el exceso de calorías consumido por la gente.
Los esfuerzos han venido por diferentes caminos. A nivel nacional han sido varias la campañas lanzadas, como ‘Vamos por un millón de kilos’, que invitaba a la gente a reducir su peso, mientras que el presidente Felipe Calderón adelantó gestiones para que 800 centros deportivos del país fueran reformados y abiertos al público.
Hablar de guerra contra la obesidad no resulta un concepto innecesariamente violento si se evalúa el crecimiento del sobrepeso. El ‘enemigo’ estaba invadiendo el territorio impunemente, al punto de que una reacción inmediata era el único camino posible para detener su avance: entre 2000 y 2006 el incremento de casos de hipertensión en la población fue de 24% y la diabetes tipo 2, ligada usualmente a malos hábitos alimentarios, consiguió escalar un 30%. Era momento de entrar en cintura, de abrocharse el pantalón.