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La crisis de once

El último año de colegio, una pesadilla.

16 de septiembre de 2009 - 05:34 p. m.
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En menos de un mes más de 500 mil estudiantes de grado once conocerán los resultados del examen del Icfes que presentaron el pasado fin de semana. Ese día será uno de los más importantes de sus vidas, pues sabrán si realmente tendrán la posibilidad de estudiar o no la carrera que quieren en la universidad que habían escogido. Sin embargo, haber obtenido un puntaje alto aún no les permite respirar tranquilos.

Después de superar el estrés de la preparación para la prueba de Estado, la presión de tener que contestar correctamente la mayor cantidad de preguntas posibles y la zozobra de recibir el sobre con los resultados, deberán esperar pacientemente a que su nombre aparezca en la lista de admitidos de la universidad a la que se inscribieron. Entre tanto, tendrán que seguir estudiando para finalizar el año escolar y poder graduarse sin inconvenientes.

A esto se suma la tensión que les produce recoger el dinero suficiente para organizar la fiesta de grado y la excursión, además de los eventos escolares que tienen la responsabilidad de realizar, como la celebración del Día del Amor y la Amistad, el Halloween, las novenas de Navidad, entre otros. La mayoría de jóvenes se sienten abrumados por estas circunstancias y si no logran manejar adecuadamente la situación, su último año puede convertirse en una pesadilla.

Así lo reconoce Claudia Díaz, rectora del colegio Montessori British School, en Bogotá, quien advierte que en el grado once los estudiantes deben tomar decisiones importantes para su futuro en medio de un ambiente que a veces resulta contraproducente. Por ejemplo, explica, a veces muchos adolescentes no saben muy bien qué carrera quieren estudiar y desafortunadamente en nuestro país, a diferencia de Estados Unidos o Europa, no existe la opción de entrar a la universidad y ver materias de diferentes áreas mientras se toma la determinación de inclinarse por alguna profesión. Así que los jóvenes deben lanzarse al agua con el riesgo de equivocarse.

Los padres pueden contribuir a que esta sobrecarga de actividades y responsabilidades que agobian a los estudiantes durante el final de su etapa escolar sea más manejable. Para ello, según Díaz, es necesario que entablen un diálogo constante y que les hagan saber que los van a apoyar incondicionalmente. Por su parte, el psicoanalista y pedagogo Guillermo  Carvajal explica que terminar el bachillerato es una de las crisis más importantes por las que atraviesa el ser humano. Primero viene la que se produce cuando se entra al colegio, luego la del inicio de la adolescencia y finalmente ésta, la de grado once, que implica convertirse en personas independientes, con identidad definida, que empiezan a mirar hacia un mundo adulto.

Los muchachos que terminan el colegio, advierte Carvajal, se están dando cuenta de que la protección que les brinda su familia ya no será la misma y que deben enfrentarse a una realidad distinta por su propia cuenta. Y, concluye, “los padres y maestros tenemos la obligación de apoyarlos durante esa transición para evitar que sea algo traumático que traiga nefastas consecuencias, como el suicidio o la depresión”.

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