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La derecha llega a Washington

Desaprobación a Obama pasó factura en las urnas.

02 de noviembre de 2010 - 11:49 p. m.
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“¿Puedes usar 15 minutos de este día para llamar a los electores y decirles lo importante que es que salgan a votar?”, escribió el presidente Barack Obama en su cuenta de Twitter varias veces este martes. Una clara muestra del nerviosismo ante el resultado electoral. Las encuestas adelantaban lo que las urnas confirmaron: los republicanos tendrán ahora el control de la Cámara de Representantes, la mayoría de los gobernadores, pero no el control del Senado, que continúa en manos demócratas.

A pocas horas de abrirse las urnas, un sondeo de Reuters ya pronosticaba el resultado: el 51% de los electores no estaba conforme con la gestión de Obama y le pasaría la factura en las urnas. Todos,  temerosos de más impuestos, de la caída del poder adquisitivo y del desempleo, decidieron devolverles el poder a los republicanos y pusieron en evidencia la volatilidad de la situación política en Estados Unidos.

El panorama que se abre ahora es bien complejo para el inquilino de la Casa Blanca y crea una gran incertidumbre sobre la gobernabilidad de la primera potencia mundial durante los dos próximos años. Con cada partido controlando una de las cámaras, el Congreso queda técnicamente bloqueado. “Si en los dos primeros dos años en los que Barack Obama gobernaba con mayoría en ambas cámaras le fue difícil encontrar aliados de la oposición cuando necesitaba mayoría absoluta, para qué hablar de lo que le espera”, explicó Jim Foley, analista en Washington.

Para comenzar, los republicanos ya adelantaron que tratarán de anular la reforma de salud y el avance en otros temas conflictivos, como la reforma migratoria. También advirtieron que recortarán fuertemente el presupuesto para reducir el déficit público. Además, obtendrían presidencias en las comisiones parlamentarias, otra herramienta útil para imponer obstáculos al oficialismo. Pero la minoría en la Cámara baja, la mayoría en el Senado y el poder de veto presidencial garantizarían cierta capacidad de resistencia a los demócratas, que sin duda tendrán que ejercerla.

“Obama tendrá que hacer concesiones significativas a sus detractores si quiere conseguir que algunos de sus proyectos pasen durante los próximos dos años”, explicó John Smith, en su blog en el periódico The Politico.

Pero, sin duda, lo que le haría más difícil la agenda a Obama es la consolidación del Tea Party, el ala más conservadora de los republicanos.  Incluso, advierten analistas, los candidatos del Tea, cuya líder es la ex candidata vicepresidencial Sarah Palin, podrían crear grandes fisuras al interior del partido republicano. “Estaremos aquí vigilandolos”, advirtió Amy Kremer, portavoz del Tea Party Express. “Cualquier compromiso que los legisladores republicanos adopten con los demócratas, cualquier voto en favor de su agenda servirá para que el Tea Party les ponga en la lista negra y lance contra ellos toda su maquinaria en las próximas primarias”, sentenció.

Consciente del nuevo panorama, Obama se mostró conciliador. “Mi esperanza es que pueda cooperar con los republicanos”, explicó el Presidente. Este miércoles, Obama dará una rueda de prensa para explicar los resultados y para anunciar su próximo paso: el cambio. Uno de los presidentes más progresistas que ha tenido EE.UU. se verá obligado a cambiar su proyecto o negociarlo con el Congreso más conservador de toda la historia.

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