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La reacción a la afrenta

Venezuela, Argentina, Uruguay y Ecuador y organizaciones como Unasur rechazaron que países europeos negaran la entrada al mandatario boliviano y acusaron un irrespeto a la región.

03 de julio de 2013 - 10:00 p. m.
El presidente de boliviano, Evo Morales, sube a su avión para regresar a La Paz desde Viena (Austria), donde hizo una escala de emergencia el martes. / AFP
Foto: AFP - Patrick Domingo
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De nuevo el tema de Edward Snowden —acusado de espionaje por Estados Unidos— ha servido para generar una crisis diplomática, esta vez entre Bolivia y algunos países europeos. En el incidente que se conoció el martes, al avión en el que se transportaba el presidente boliviano no le fue permitido el acceso a España, Francia, Italia y Portugal, a pesar de que estos gobiernos hayan negado tales versiones: existía la sospecha de que Snowden fuera abordo de la aeronave.

El incidente está lejos de ser un problema menor y podría generar una de las peores crisis entre algunos latinoamericanos que han expresado su solidaridad con Evo Morales y los países que le negaron la entrada. Las naciones europeas implicadas deberán dar explicaciones.

La crisis reviste de una gravedad significativa, no sólo porque se haya violado la Convención de Viena de relaciones diplomáticas ni porque se haya ignorado una costumbre internacional de vieja data, sino por la coyuntura global y regional. El hecho ha servido para que de nuevo se active el sistema de Unasur, que ha mostrado una clara pertinencia en algunas de las crisis políticas del pasado reciente. Sirvió para evitar cualquier viabilidad del eventual golpe de estado en Ecuador a propósito de un motín policial en 2010 (más allá de la polémica de si se trató o no de un intento de golpe), para legitimar a Maduro en el peor momento del chavismo después de las últimas elecciones presidenciales, y ahora se revela como un mecanismo efectivo, ante la imposibilidad de que por la vía de Naciones Unidas, prospere el justificado y anunciado reclamo boliviano.

Ecuador, que desde hace varias semanas ha terciado en el asunto Snowden, ha salido a reclamar explicaciones y a dar un efusivo apoyo al gobierno boliviano. Para Quito, el tema se está convirtiendo en un asunto vital de Estado y le ha dado una visibilidad que en el pasado no tenía. Correa confirma con ello la disposición a liderar la llamada nueva izquierda en el continente, ante la inexperiencia de Maduro y los retos internos que ha debido enfrentar. Venezuela, por su parte, vuelve a la escena internacional luego de varios meses de perfil bajo, por las dificultades internas que se desprenden de niveles muy bajos de gobernabilidad por cuenta del terreno político ganado por la oposición.

Con la decisión de impedir el paso del avión boliviano ante la sospecha de la presencia de Snowden en él, estas naciones europeas pondrán en entredicho su compromiso frente al derecho internacional. Hace algunos años, el incidente no habría pasado a mayores. No obstante, el mundo está cambiando y especialmente el papel de América Latina en el devenir global. Hasta hace algunas décadas, su irrelevancia era indiscutible y su poco peso geopolítico, por no tener conflictos como los de otras esferas, como Medio Oriente, Asia Central o la África de los Grandes Lagos, era evidente. En contraste, con el denominado giro a la izquierda, apreciable desde finales de los noventa, la región ha desafiado en varias oportunidades a Estados Unidos, y hasta ahora esta postura no se había adoptado con Europa, a la que se consideraba un “actor diferente” de Washington (no sin una alta dosis de candidez).

Sin embargo, con este incidente estados como Francia, bajo un gobierno socialista, se aseguran la impopularidad por lo que el dossier Snowden representa para la sociedad latinoamericana, y allanan el camino para una enemistad difícilmente corregible con Bolivia. En lo que respecta a España, Italia y Portugal, lo ocurrido sólo confirma la poca definición en materia de política exterior frente a América Latina y la poca relevancia que ésta les representa. Tamaña contradicción para Madrid y Lisboa y que ahonda el fracaso de proyectos de acercamiento basados en la compatibilidad cultural, producto del pasado colonial.

La coyuntura invita a pensar en una América de Sur que no está dispuesta a tolerar tratamientos de segunda clase y que con este tipo de respuestas buscará romper décadas de aislamiento e irrelevancia. Resta por ver la reacción de los moderados como Brasil, Colombia, Paraguay y Uruguay, que quiéranlo o no deberán responder. Aunque desde el punto de vista del derecho, las sanciones son poco probables, la respuesta política revigoriza a Unasur y relanza la política exterior boliviana, dormida durante estos últimos años por las divisiones internas que habían debilitado a Morales. La coyuntura no puede ser mejor para su figura, interna y regionalmente.

 

 

 

* Profesor U. del Rosario

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