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…la voladura del puente

Un campesino que grabó  en su celular la voladura de un  paso peatonal entre Colombia y Venezuela le contó a El Espectador lo que aconteció.

26 de diciembre de 2009 - 04:00 p. m.
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Cuando dos poderosas “arañas” se descolgaron a toda velocidad por la carretera hacia la orilla del río Táchira, como si se abalanzaran sobre una presa, los habitantes de El Oasis entendieron que ese 19 de noviembre habría problemas.

A las “arañas”, como llaman en ese sector de la vereda Cañuelal, en Ragonvalia (Norte de Santander), a los carros Hummer del ejército venezolano, las ven patrullar constantemente en Las Delicias, su porción de frontera. Pero las informaciones que brotaban de los noticieros de ambos países desde días atrás daban cuenta de que las relaciones entre los gobiernos no estaban nada bien y, lo más grave para ellos como vecinos colombianos inmediatos, que el presidente  Chávez hablaba de vientos de guerra.

Los tres campesinos que alrededor de las 10 y 45 de la mañana vieron el inusitado movimiento del convoy militar venezolano suspendieron la siembra de apio y corrieron hasta el centro de las ocho casas que conforman El Oasis para avisar que algo iba a pasar en la “hamaca” Las Naves, un puente peatonal fabricado artesanalmente hace 65 años para que labriegos colombianos y venezolanos cruzaran las frías aguas del Táchira e intercambiaran sus cultivos.

Los tres primeros en bajar hasta Las Naves fueron John Mancilla, de 22 años, y dos menores de edad. En cinco minutos descendieron corriendo por el único camino disponible, una trocha difícil que a una mula le toma el doble recorrer.

Mancilla, en medio del agite, sacó de la pretina de la pantaloneta su teléfono celular: “Unos 20 metros antes de que llegáramos al río vimos a los del ejército venezolano como arreglando algo en la boca del puente. Ellos eran unos 20 y lo primero que hice fue tomarles una foto.

Después de que los aseguré, seguimos bajando hasta llegar al plano donde está el puente Las Naves, que sale de la bodega abandonada donde hacía unos 15 años, antes de que el ‘bolo’ (el bolívar, la moneda venezolana) cayera, se conseguía de todo: ropa, comida, cervecita. Ahora allá no hay nada.

Yo seguí mirando lo que hacían del otro lado, son como unos 20 metros, y me di de cuenta (sic) era que le iban a meter dinamita a ese puente. Entonces yo llamé a Julio (Jiménez, presidente de la Junta de Acción Comunal) pa que volara y llegara rapidito pa ver qué podíamos hacer. Volví a sacar el celular pa grabarlos cuando estallara y no dijeran después que ellos no habían hecho nada, que habían sido otros, porque eso es lo que siempre dicen y cambean las cosas.

Taba (sic) yo grabando cuando me voltié a mirar dentro de la casa y dentro había tres soldados venecos (venezolanos) con sus fusiles. ¡Imagínese! Taban del lado colombiano; empecé a grabarlos y a contar lo que taba pasando, como si fuera periodista. Cuando se dieron de cuenta, salieron en pura y cruzaron el puente.

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En esas llegó Julio y otros de El Oasis. Julio les preguntaba desde la orilla colombiana que qué iban a hacer, que pa qué armaban  esa joda (la carga explosiva), que nosotros en la vereda no teníamos nada que ver en la pelea entre Chávez y el Presidente (Uribe). Uno de los soldados  gritó que iban a tumbar el puente.

Nosotros también empezamos a decirles a los soldados que no nos fueran a hacer eso, que es el único paso que tenemos pa comunicarnos con Las Delicias, que no les fueran a hacer eso a los chinos (niños) porque cómo iban a pasar a estudiar allá, que pensaran que todos tenemos familiares en Las Delicias y que los de allá también vienen pa acá a vender sus cosas.

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No nos pararon bolas. Sólo uno dijo ‘es una orden del ciudadano presidente (Chávez)’ y fue con otro hasta la mitad y puso la dinamita; después nos gritó que nos alejáramos porque iban a estallar. Nos escondimos detrás de unas piedras y ellos también se fueron monte adentro. Al ratitico sonó una explosión durísima que hasta levantó el cinc de los ranchos allá arriba. Eran como las 11 de la mañana.

Aguantamos un rato pa salir, por si había otra explosión. Al asomarnos, el puente estaba partido en la mitad, con dos pedazos tirados en el río. Los soldados venezolanos ya se habían ido y comenzó a llegar más gente de la vereda, preocupada porque los chinos estaban en el colegio allá en el lado venezolano y más tarde cómo iban a hacer pa pasar.

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Julio llamó a la Policía en Ragonvalia pa contarles lo que había pasado. Mientras tanto la gente cruzó a pie el río para esperar a sus chinos y a sus parientes mayores que estaban en Las Delicias. Gracias a mi Diosito que hace como tres meses no llueve por acá, o si no eso no se hubiera podido, porque ese río cuando tiene agua es arrecho (bravo) y lo que se va ahí, no regresa más.

Como a las 3 y 30 de la tarde empezaron a llegar policías, gente del Gobierno y periodistas a El Oasis a ver lo que había pasado. Nos enteramos entonces que los soldados en sus ‘arañas’ volaron otra ‘hamaca’ en El Chícaro. Yo les presté mi celular pa que vieran lo que había pasado en Las Naves y nos preguntaron muchas cosas a varios. En la noche todos nos reunimos donde Julio, que es uno de los poquiticos que puede coger los canales colombianos, porque tiene DirectTV, y vimos las noticias donde salíamos.

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Dos días después el ejército de allá, en dos ‘arañas’, trató de volar otra ‘hamaca’ unos cuatro kilómetros más arriba, pero esa vez la gente y la Policía llegó a tiempo y los convencieron de que no lo hicieran.

Desde entonces sigue viniendo gente y periodistas pa hacer preguntas, pa saber qué pasó, pero acá todo sigue igual: el puente sigue caído. Uno se cansa de esa preguntadera porque de nada sirve. El Alcalde de Ragonvalia nos mandó a decir que no puede hacer nada porque de Bogotá no le han dado orden; políticos de Venezuela que no están con Chávez nos dijeron que nos iban a ayudar a levantar Las Naves, pero nada.

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La vida nos cambió mucho, pero va a ser más grave ahorita que empiece a llover y el río crezca. Los niños entran a clases allá en Venezuela el 7 de enero y les va a tocar dar una vuelta de cuatro horas de camino pa llegar a la escuela.

La joda ta arrecha, porque en Las Delicias ahora nos miran más feo y nos tratan de narcotraficantes o terroristas. Pa completar ahora hay más ‘arañas’ allá que antes y el día que uno vea desde acá que esas agarren pa bajo a toda (velocidad), uno ya sabe que va a pasar algo malo”.

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