Una de las primeras órdenes que recibí cuando entré al DAS, hace unos 15 años, era que debía hacerles inteligencia a varios personajes del orden nacional y varias agremiaciones. Para eso uno recibe cursos básicos sobre cómo camuflarse en determinado sitio o evento y, sobre todo, mucha literatura e información del objetivo que interesa. La prioridad de cualquier gobierno siempre ha sido indagar en qué anda la izquierda y saber qué piensan los partidos de oposición. Eso fue lo que vimos durante el tiempo que estuvimos en el DAS. Lo que uno más oye son los políticos, sin importar su tendencia, pero preferiblemente la izquierda era el objetivo.
Nos infiltramos en las reuniones de la Federación Colombiana de Educadores (Fecode) y en las convenciones de los transportadores, también en los sindicatos petroleros y de hidrocarburos. Después de cada misión rendíamos un informe por escrito o verbal a los jefes, que apuntaban todo lo que decíamos. Nos metíamos también como militantes en los partidos y organizaciones de izquierda. Jamás se dieron cuenta de que éramos del DAS y hasta lográbamos la confianza de los líderes principales, de los jefes de estas colectividades.
Sabíamos, por ejemplo, cuándo había reuniones secretas, dónde se reunían y con quién. En muchas ocasiones detectamos que gente del propio gobierno o de compañías importantes tenían tendencia de izquierda y nadie lo sabía. Yo no sé qué se hicieron esos archivos. Pero en lo que más énfasis poníamos era en qué hacían los políticos de turno. Lo de los sindicatos era clave, porque le permitía al gobierno desactivar una huelga o un paro, sobre todo en el sector de los transportadores, en determinado momento.
A mí, por ejemplo, me tocó hacerles seguimiento y escuchar por varios años a los congresistas del Polo Democrático Wilson Borja y Gustavo Petro. Llegué a saber muchas cosas de sus vidas privadas, por ejemplo, sus movidas y aliados en la política, la vida de sus hijos y toda la historia familiar, que incluía hasta las enfermedades que sufrían.
Los ex presidentes de la República eran el segundo objetivo o tercero. Es que esos señores hablan mucho y a toda hora hacen reuniones y hablan y hablan. Algunas veces contra el gobierno, otras a favor del gobierno. Pero de esta manera el Presidente de entonces lograba saber las alianzas que se formaban a última hora en el Congreso, los proyectos que presentarían y algunas declaraciones que darían en su contra. Debe haber horas y horas de grabación por ahí dando vueltas.
Al comienzo todo lo metíamos en un pequeño cuarto del décimo piso del DAS. Después todo fue sistematizado. Pero con esa información hoy le puedo decir quién es quién en la política de este país. Sin embargo, nadie sabe quiénes somos ni dónde estamos. Algunos de nuestros objetivos, a quienes seguimos muchas veces, nos vieron en estas labores, pero no saben ni cómo nos llamamos y la verdad, es difícil que ahora puedan identificarnos.
Cuando estalló el escándalo nos sorprendió mucho, porque jamás pensamos que eso era delito. Es que eran órdenes del Gobierno y el DAS está para eso. La verdad es que nos sorprendió, porque eso es lo que siempre se ha hecho. Esos seguimientos y esas ‘chuzadas’, como se llaman, requerían de una orden, luego informábamos a los jefes, después se hacía un plan de trabajo para desactivar paros y huelgas o para que el Gobierno saliera adelante. Eso se hace en todas partes del mundo, por eso creemos que este escándalo tiene un tinte político. Además, no lo hacemos nosotros solos, lo hacen todos los organismos de inteligencia de este país. Por eso no creo que los malos seamos sólo nosotros, los del DAS.