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Las seductoras de los vinos

La sucursal colombiana de la Escuela Argentina de Sommeliers cumplió tres años.

01 de octubre de 2010 - 09:23 p. m.
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Corría el año 1999 en Buenos Aires y una mujer guapa  respondía que era sommelier cuando le preguntaban a qué se dedicaba.  La palabra, más parecida al sommier de los colchones, causaba confusión y por momentos la creían dentro de la industria de las camas.

Marina Beltrame regresó a Buenos Aires después de haber cursado su formación en París en la escuela École des metiers de la table, donde se especializó como sommelier.  Con un olfato certero, se le ocurrió la idea de montar una escuela que profundizara en el mundo del servicio del vino. “La escuela tenía sentido, porque pensé que nadie más me iba a dar trabajo. Nadie entendía muy bien qué era. Hubo que explicarlo todo”, confiesa.Hoy en día su escuela cuenta con varias sedes: Mendoza, Bogotá,  Costa Rica y Panamá.

María Helena García, quien estaba en el sector financiero, es la directora de la sucursal colombiana, quien se graduó en la primera promoción en 2007. Su esposo lleva años en la importación de licores y vinos, y en uno de los múltiples viajes a Argentina se acercaron a la escuela porque les parecía buena idea traer el concepto a Bogotá. Así surgió la primera franquicia internacional, y con la ayuda inicial de sommeliers argentinos y de las colombianas Laura Hernández y Alejandra Naranjo se consolidó este proyecto que pretende contribuir a la cultura del vino. Desde que se fundó ya cuenta con una comunidad de 38 egresados. La formación dura un año y está dividida en tres módulos. El currículo cubre geografía vinícola de Argentina, Chile, España y Francia, y en la última parte se comienzan a ver extensivamente los destilados y productos no alcohólicos como café, infusiones y aguas. Los alumnos no sólo trabajan en restaurantes, sino también en capacitación, haciendo catas y degustaciones, trabajando con importadores y en tiendas especializadas.

Según Beltrame, el concepto del sommelier se ha ampliado  y  si lo tuviera que encuadrar en una palabra lo llamaría comunicador. “Esta persona   tiene que llegar al consumidor  con  un producto determinado. Lo hará con el vino, con el chocolate, con el café o con el aceite. Tiene que llevar el mensaje con conocimiento a la degustación, tiene que entender el producto desde su elaboración y origen. Hay que seducir a esa persona”, sentencia.

Estas dos mujeres ganan adeptos cada día para difundir una cultura milenaria encerrada en una botella y un oficio que se sabe donde comienza pero nunca donde termina.

www.sommeliers.com.ar/bogota.php.

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