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Los 33 mineros fueron rescatados

Tan pronto como Luiz Urzúa, el jefe de turno de la mina, salió de las profundidades de la tierra, estalló la algarabía en el campamento Esperanza. Los cantos, gritos y vivas se extendieron durante varios minutos por todo el país.

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Bastó que a las 19:46 de anoche el jefe del turno, Luis Urzúa, arribara a la superficie, para que una algarabía de sirenas, bocinas, aplausos y gritos invadieran el silencio de la desértica noche atacameña por largos e interminables minutos y se extendiera por las diversas ciudades del país. Todo Chile vibró con el fin de esta odisea de 70 días. Lo primero que pronunció Urzúa fueron palabras de agradecimiento para las diversas autoridades y para cada uno de los mineros.

Con el rescate del topógrafo Luis Alberto Urzúa Iribarren, 54 años, casado, dos hijos, se puso término al drama de los 33 mineros atrapados 700 metros bajo la superficie, en el fondo de la mina San José, en Copiapó, 900 kilómetros al noreste de Santiago, en el desierto de Atacama, el más árido del mundo.

“Don Luis Urzúa, recibo su turno y lo felicito por cumplir con su deber, saliendo de último, como hace siempre un buen capitán. Y quiero decirle, don Luis, me siento orgulloso de todos y cada uno de los 33 mineros, un ejemplo de compañerismo, de coraje, de lealtad”. “¡Viva Chile! ¡Viva Chile, mierda!”, gritó Piñera e invitó a todos a cantar el himno nacional.

Entre tanto, en la parte baja, en el campamento Esperanza, los familiares se abrazaban, lloraban, gritaban y abrían botellas de champaña y se encaramaban a los faldeos del cerro donde están instaladas 32 banderas chilenas y una boliviana, una por cada minero, más la bandera símbolo del terremoto. “Gente como usted vale mucha plata aquí en Chile”, dijo Luis Urzúa a André Sougarrete, el ingeniero jefe que diseñó y coordinó la Operación San Lorenzo, como fue bautizada.

La emoción se retrataba en los ojos de Sougarrete, el artífice de la hazaña, que llegó a su fin a los 70 días y que tuvo la misteriosa virtud de congregar a una cantidad de medios de prensa y periodistas sin parangón en la historia del periodismo.

Era una noche luminosa, despejada y fría la que recibió al último de los mineros, quien renació al abrir la puerta de la ya enlodada cápsula “Fénix II”, la heroína de 33 impecables viajes. Sólo restaban seis viajes más, que se concretaron en las horas siguientes, para sacar a los rescatistas que apoyaron la evacuación.

Mientras lo relatado ocurría en la superficie, en el fondo de la mina los rescatistas extendían un lienzo mostrado por la TV oficial: “Misión cumplida Chile”.

El viaje de Luis Urzúa comenzó tras las sentidas palabras a Manuel, el primero de los rescatistas que bajó al fondo de la mina. “Vamos, vamos chilenos, esta noche los vamos a sacar”, cantaban los rescatistas en la superficie. Un expectante silencio reinaba en la carpa que en la falda del cerro, frente a la mina, hacía de sala de prensa, ante dos pantallas.

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“Con cosas sencillas se pueden hacer grandes cosas”, dijo el encargado de las comunicaciones con los mineros, al mostrar el teléfono hechizo, con los nombres de los 33, que le regaló el penúltimo en salir: Ariel Ticona Yáñez, 29 años, 3 hijos, cuya última hija, Esperanza, nació cuando estaba atrapado.

Por la mañana, el ministro de Minería, Laurence Golborne, se negó a entregar la cifra exacta de lo gastado en la operación antes de que el presidente Sebastián Piñera conociera el consolidado de los datos. Pero anticipó que eran costos del orden de los “varios millones de dólares”, con un 30% del presupuesto aportado por la empresa privada y un 70% por el Estado. No quiso anticipar si el sitio de la mina será convertido en un lugar patrimonial, como recuerdo y memoria de una tragedia que se logró evitar gracias al tesón y esfuerzo humano.

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La presencia del presidente de Bolivia, Evo Morales, marcó este miércoles las horas previas de la jornada final del rescate minero. A media mañana, el presidente Sebastián Piñera se presentó ante la prensa junto a su colega Evo Morales, quien agradeció todo lo hecho a favor de su compatriota Carlos Mamani Solís, de 23 años, casado, una hija, y anunció que se lo llevaría a Bolivia, donde tendrá “un trabajo digno”. Por la tarde se supo que Mamani había agradecido, pero rechazado el ofrecimiento, porque quería continuar unido a sus 33 compañeros.

A pesar de la rutina, cada salida de la cápsula tuvo su particularidad y su emoción. Cuando apareció Yonni Barrios, el minero número 21, “el de las dos mujeres”, la expectativa fue total. En conversación con El Espectador, su esposa Marta había dicho que no vendría a la salida, pues “el muy sinvergüenza quiere que estemos las dos”. Una mujer lo recibió a la salida, pero no era doña Marta, era la novia.

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