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“Los asesinaron por paranoia”

Al retornar este jueves a la libertad, el ex diputado Sigifredo López confirmó que sus 11 colegas murieron por balas guerrilleras. Entre tanto, Daniel Samper desmintió  al Mindefensa al asegurar que nunca supo que el Gobierno  ordenó sobrevuelos en la zona de la primera fase de liberaciones.

05 de febrero de 2009 - 11:04 p. m.
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Sigifredo los escuchaba a lo lejos. Era un sonido difuso. Mientras él saludaba a su familia y envolvía en besos a sus hijos, esposa y madre, algunos de sus amigos de infancia tocaban la canción Colombia tierra querida, en honor a su llegada. En un hangar del aeropuerto Alfonso Bonilla Aragón, con un calor de más de 25 grados centígrados, los cerca de 150 asistentes se abrazaron llenos de júbilo. Y la papayera de Hernán Gallardo y sus muchachos, conformada por seis de los más cercanos amigos de infancia del ex diputado, la que amenizó sus fiestas de campaña para la Alcaldía de Pradera y la Asamblea del Valle, estaba presente. “Siempre estuvimos al lado de él. Así como hoy”, dijo Rubén Darío Bejarano, uno de los músicos.

La espera por su regreso, que comenzó casi siete años atrás, empezó a terminarse en la mañana de este jueves, cuando Piedad Córdoba, dos delegados de la Cruz Roja Internacional y la tripulación brasileña se embarcaron en los helicópteros, con unas coordenadas sólo conocidas por la senadora, para traer de regreso a casa al dirigente político. Sus hijos, Lucas y Sergio; su esposa, Patricia Nieto, y otros parientes lo esperaban en una sala privada, alejados de la multitud y de la prensa, a solas con sus pensamientos. Casi todos estaban trasnochados y apenas pudieron dormir algunas horas, pues la ansiedad y los preparativos del retorno no los dejaron cerrar los ojos. “En donde mi hermana le tenemos preparado algo muy especial”, contó Roberto Tobón, uno de los siete hermanos de doña Nelly, la madre del político. Los siete estaban listos para la celebración.

Llegó con ganas de expresarse. Así lo dijo desde el principio de su primer discurso en público tras recobrar la libertad, en una tarima ubicada en la plazoleta de San Francisco —frente a la Gobernación del departamento—, cuando le pidió a la audiencia que le permitieran hablar: “Déjenme, que desde hace un año y medio no hablo con nadie”, señaló. Pero, contrario a Alan Jara, no empezó relatando su experiencia en cautiverio. Empezó con unas palabras que, en un instante, les recordaron a todos su naturaleza: totalmente política. Recriminó la muerte de sus compañeros, lo que definió como un “ejemplo de la falta de democracia que quedará para la historia de Colombia”. Agradeció la gestión de la senadora Piedad Córdoba y, sobre todo, instó con urgencia al país a moverse por el acuerdo humanitario.

“Sólo hay una posibilidad de traer de vuelta a quienes están en la selva: hay que exigir la liberación y devolución unilateral de todos los civiles y el intercambio de los combatientes. Hay algo elemental, los guerrilleros tienen la orden de asesinar a los indefensos secuestrados apenas sientan el primer helicóptero o la primera bala en el campamento, como ocurrió en Urrao o con mis compañeros. No puede ser que estos hombres que han arriesgado su vida para que nosotros gocemos en la libertad, los dejemos olvidados.

Los soldados de Colombia son héroes y no necesitan sólo que les digamos eso, sino que necesitan hechos concretos. Ellos tienen derecho a estar con sus mujeres, a acariciar a sus hijos. Tenemos que rescatarlos con vida y sólo hay una posibilidad: el intercambio de prisioneros. Por eso quiero invitarlos a que en las próximas marchas exijamos el intercambio y exijamos que se acabe el secuestro como arma política en este conflicto armado”, manifestó.

 Su testimonio

Con el regreso de Sigifredo López a la libertad se conoció otra esperada versión de lo que les ocurrió a sus 11 compañeros de la Asamblea del Valle del Cauca que fueron asesinados en cautiverio. El político dijo que lo habían sacado del grupo para castigarlo y se salvó : “A mí me habían encadenado las manos y llevado al otro extremo del campamento por reclamarle a uno de los guardias”. Entonces el 18 de junio de 2007, cuando seguía separado del resto de diputados, escuchó de pronto dos disparos, a continuación otros dos, para después oír largas ráfagas: “Me tiré al piso, pensé que era un rescate. Es lo único que recuerdo, ¡Dios mío! Me encomendé a mis hijitos, a mi familia. Estaba tirado y después de tres minutos empezaron unas ráfagas. Esa vaina duró una hora”.

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